 La violencia ensombrece la campaña
(AFP)
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GUATEMALA (AFP) -
Casi seis millones de guatemaltecos están convocados a las urnas este domingo para elegir al nuevo presidente y vicepresidente, así como a los representates municipales y legislativos tras una campaña marcada por la violencia.
De los 14 candidatos que concurren a estas elecciones, el socialdemócrata Alvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y el general retirado Otto Pérez Molina del Partido Patriota (PP, derecha) son los que más posibilidades tienen de ocupar la máxima magistratura del país a partir del 14 de enero próximo.
Según los últimos sondeos, estos dos hombres de personalidad y sensibilidad opuestas, están empatados técnicamente en esta primera vuelta, con alrededor del 31,8 de las intenciones de voto, por lo que la llave estará en el 27,6% de los electores que todavía no han decidido a quién le darán su voto el domingo, en una elección vigilada por cerca de 13.000 observadores.
Mientras a Colom, con su voz meliflua y escaso carisma y un programa con un cariz social, se le acusa de falta de liderazgo para acabar con los males que aquejan a la sociedad guatemalteca -la inseguridad y la pobreza sobre todo-, Pérez Molina sube en las encuestas con sus promesas de militar aguerrido de mano dura.
Este es precisamente un mensaje que está calando en una clase media y una juventud -el 60% de la población-, cansada de los índices de violencia, que el año pasado dejó 6.000 muertos en las calles del país, deseosas de acabar con el crimen organizado que ha infiltrado las instancias del Estado y el terror que imponen las maras o pandillas juveniles en las urbes del país.
Detrás de Colom y Pérez, aparecen en los sondeos el oficialista Alejandro Giammattei (Gran Alianza Nacional -GANA), con el 14,6%, Eduargo Suger, del Centro de Acción Social (Casa, ultraderecha), 8,4%; y Luis Rabbé, del Frente Republicano Guatemalteco (FRG) del ex dictador Efraín Ríos Montt, con el 4,5%.
La indígena y premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, ha sido relegada por los votantes consultados a la sexta posición con el 3,1%, perdiendo casi un punto con respecto a la encuesta anterior.
Esta atomización del voto llevará inevitablemente a una segunda vuelta, el 4 de noviembre, en la que participarán los dos candidatos más votados el domingo.
El proceso electoral ha estado marcado por un alarmante incremento de la violencia política.
Las más recientes víctimas se registraron el miércoles. Dos candidatos del partido de Menchú, Encuentro por Guatemala, fueron asesinados a tiros en la periferia norte de la capital, lo que eleva a 22 los muertos en medio centenar de ataques, según la Organización de Estados Americanos (OEA), desde que se inició la campaña el 2 de mayo.
También han llovido las sospechas de que muchos candidatos, sobre todo los diputados federales y políticos a nivel local, tienen vínculos y reciben recursos del crimen organizado.
Tanto que la Conferencia Episcopal y el Foro Guatemala -que reúne una multitud de organizaciones, sindicatos, asociaciones empresariales y organizaciones indígenas- lanzaron una campaña para impedir que el narcotráfico destruya la democracia.
Esta campaña habrá supuesto un paso importante hacia la transparencia y el fortalecimiento de la democracia, con el establecimiento de normas para el control del financiamiento privado y público, y la ampliación de los colegios electorales del país para acercar las urnas a las comunidades indígenas dispersas por el país.
El fantasma de la abstención sigue pesando en un país, que sufre de las lluvias dejadas por el huracán Félix, en el que parte de la población no se siente representada por unos partidos políticos oportunistas -hay 21 inscritos en estas elecciones-, desencantada con los gobernantes y marginada socialmente.
Los guatemaltecos también elegirán el próximo domingo a los 158 diputados del Congreso y 332 corporaciones municipales.
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