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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Esta vez, la discusión del proyecto de Presupuesto Ordinario de la República para el 2008 adquirirá una connotación muy diferente. Ya no será tan política ni bochinchera como antes, sino, más bien, financiera. Fríamente financiera. Los ávidos financistas, economistas, banqueros y analistas profesionales, en vez de ensañarse con el pobre ministro de Hacienda (bueno, ni tan pobre) con reclamos sobre el aumento del gasto, desnudarán las partidas y buscarán “señales” relevantes para su negocio. La pregunta es cómo les afectará la bolsa. Buscarán el déficit y necesidades de financiamiento para tratar de anticipar el impacto en las tasas de interés y el valor de los títulos, buscando afanosamente la dirección de los rendimientos netos. Porque el mercado financiero se ha concentrado en el corto plazo, más incierto y menos rentable. Las inversiones favorecen vencimientos menores a un año plazo, debido a la forma peculiar que han adquirido los rendimientos de los distintos títulos, a la espera de que el Banco Central ponga el huevo en sus políticas monetaria y cambiaria. Afortunadamente, el proyecto de Presupuesto enciende algunas luces. El déficit financiero estimado es muy bajo (1% del PIB); el porcentaje de gastos para financiar obligaciones contraídas es un 28%; y el endeudamiento adicional crecerá solamente un 2%. Esto indica que, de nuevo, el déficit no será el elemento que presione las tasas de interés. Pero hay un “supuesto” frágil en el proyecto, recogido en una diminuta nota al pie, que da pie para especulaciones: asume que la inflación será un 6% en el 2008 y se mantendrán las tasas de interés. ¿Y si resultan mayores? Algunas firmas consultoras pronostican que sí subirán. Si tuvieran razón, ¿qué pasaría con el déficit fiscal? Por fortuna –diría Memo Zúñiga– no siempre aciertan. Démosle el beneficio de la duda. Asumamos que él tiene un as en la manga para porfiar que ninguna subirá. ¿Qué sabrá que nosotros no sabemos? Solo nos queda especular. Veo dos posibilidades: que, después del referendo, don Francisco (no el de Sábado Gigante ) dé pasos agigantados hacia la liberalización cambiaria, se salga del mercado y decida controlar la emisión y reducir la inflación; la otra es que Memo se vuelva generoso y le permita incurrir en más pérdidas al aumentar la esterilización por entradas de capital, y baje la inflación. Pero, para tener la película completa, falta saber qué sucederá con las tasas de interés en el mercado internacional y las ramificaciones de la crisis financiera en EE.UU. Veamos qué dicen los banqueros el jueves en otro de los tradicionales y opíparos des- ayunos de la Cámara de Bancos.
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