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EDITORIAL

Un día especial

Para celebrar el Día del Régimen Municipal se suspendieron labores en muchos municipios del país
Frente a los grandes desafíos del país, pareciera que esta no es la forma más adecuada de celebración


El viernes pasado se celebró el Día del Régimen Municipal. Se supone que, siendo esta la entidad pública más cerca de las necesidades y demandas de los 81 cantones del país, abriría puertas y ventanas para compartir con la gente. Sin embargo, no ocurrió así. El Día del Régimen Municipal se celebró en familia. Su característica fue la variedad en cuanto al horario y el contenido.

De acuerdo con nuestra información del sábado anterior, buena parte de las municipalidades cerró sus puertas todo el día para que los funcionarios disfrutaran de la celebración. Otras, un poco más recatadas, suspendieron sus labores a partir del mediodía. Algunas, como las de San José, Alajuela y Nicoya, funcionaron en punto a cobros, limpieza y recolección de la basura, entre otros servicios. La de Poás compartió bocadillos y refrescos con los vecinos que visitaron sus oficinas. La de Heredia cerró pasado el mediodía para que sus 200 empleados recibieran un curso de capacitación, que incluyó música, comida y dinámicas en un salón decorado con globos. Se llevó a cabo una autoevaluación, que esperamos haya incluido la conveniencia de celebrar en forma tan pintoresca el Día del Régimen Municipal.

Esta somera descripción nos dice mucho sobre el concepto y práctica de los gobiernos locales, cuya celebración justificó el presidente del Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM) expresando que los municipios son autónomos, lo cual los faculta para definir sus horarios de trabajo. Olvidó, sin embargo, el aspecto principal: no se trata de legalidad, sino de atención al público con eficiencia y en forma cumplida. La autonomía no da para tanto, como tampoco se justificaría que la Asamblea Legislativa, por la vía legal, establezca días especiales, en las jornadas de trabajo, para suspender la atención al público en múltiples regímenes, funciones o tareas públicas: día del médico, del bombero, de las emergencias, de las enfermeras, de la tributación directa, del sistema bancario nacional… No alcanzaría el año para tanta celebración.

Todavía están vigentes ciertas leyes que les permiten a las oficinas públicas cerrar en la festividad del patrono o de la patrona del pueblo o cantón. Estas normas deben desaparecer. Estos anacrónicos privilegios laborales conspiran contra los derechos e intereses de la gente, y, además, en modo alguno estimulan el espíritu religioso. Más bien, atentan contra la cultura del trabajo, imprescindible para el desarrollo personal y social. La modalidad de celebración del Día del Régimen Municipal, el viernes anterior, exhibió la inconveniencia de estas decisiones. Los regidores y alcaldes deben ser conscientes de la necesidad de exaltar la importancia del régimen municipal mediante un servicio esmerado y una labor sin interrupciones.

Lo ocurrido no quiebra el régimen municipal. Tampoco va a vaciar sus arcas o significa desconocimiento del esfuerzo realizado por los municipios para ponerse al día, tras tantos años de postración. Sin embargo, ha dejado un mal sabor y, peor aún, refleja una mentalidad, que tampoco ha de extrañarnos en un país tan generoso en este tipo de sorpresas en el sector público. Las convenciones colectivas abundan en ellas y no solo por culpa de los dirigentes sindicales, sino, con más razón, de las juntas directivas de las instituciones públicas, que las suscribieron, así como de los funcionarios del Ministerio de Trabajo, que las homologaron. Esta mentalidad frente a lo público, esto es, ante lo que no es propio, ha guiado también a gobernantes, partidos políticos, legisladores y juntas directivas de instituciones del Estado, lo que explica no pocos problemas nacionales. Conviene, por ello, insistir en estas desviaciones.

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