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Stephen Goose Experto de Human Rights Watch Nacionalidad: Estadounidense Profesión: Experto en temas internacionales y de defensa Bombas de racimo son las que más civiles matan Expertos de América Latina y ONG discuten en Costa Rica un acuerdo mundial contra bombas de racimo. Stephen Goose, de Human Rights Watch, analizó el impacto de estas armas.Marco Sibaja ¿Cuál es el riesgo de las bombas de racimo? El problema con la bomba de racimo es el impacto que tiene sobre poblaciones civiles. Cuando se lanza una, lo que hace es esparcir minibombas en un espectro muy amplio, y estas minibombas estallan a distancias alejadas del punto en que caen. ¿Quiénes son los usuarios? Tenemos registrados 75 países que producen, almacenan, adquieren o usan las bombas de racimo. Fueron usadas en el conflicto de Kósovo con un gran impacto en la población civil. Se usaron en el conflicto de Afganistán en el 2001 y la invasión de Iraq en el 2003, e Israel las usó en el 2006 en el sur de Líbano. Se usaron en el conflicto entre Etiopía y Eritrea. ¿Cómo pretende la comunidad internacional frenar su uso? En febrero lanzamos lo que se conoce como el Proceso de Oslo, en Noruega, con 46 estados que se pusieron de acuerdo en alcanzar una declaración para prohibir su uso. Lo hicieron al margen de Naciones Unidas porque dentro del sistema multilateral hubo oposición de los grandes productores de armas, notablemente Estados Unidos, Rusia y China. “Sostuvimos una segunda reunión en mayo en Lima, donde se presentó un borrador del acuerdo y se discutió la forma de abordar el tema. El diablo está en los detalles, y ahora estamos en esa fase, viendo si se prohíbe solo cierto tipo y si se llama a destruir las bombas almacenadas, se llama a limpiar las áreas contaminadas y se asiste a las comunidades afectadas, todo con un calendario. “Al final de la reunión de Lima había 75 países en las discusiones; ahora hay 76, con la incorporación de Malawi”. Este es el primer movimiento por frenar estas bombas”. Pero Estados Unidos enjuició a un empresario chileno por exportar bombas de racimo... El caso de Carlos Cardoen llegó a la justicia de Estados Unidos no porque exportó bombas de racimo, sino porque las vendió a regímenes a los que Washington había prohibido la transferencia de armas. Sin embargo hay otros antecedentes importantes. Washington frenó el envío de bombas de racimo a Israel en los años 70 y 80 cuando las estaba usando en sus conflictos con Líbano y Siria, al comprobarse el impacto en la población civil. En el último conflicto en el sur de Líbano, Israel pidió con urgencia bombas de racimo porque cuando las fuerzas de Hezbolá les lanzaban cohetes, ellos no podían precisar el origen, tenían un rango de espacio de donde podía venir, entonces la bomba de racimo les venía bien. ¿Qué papel tiene América Latina en este proceso? México y Perú forman parte del grupo de países que han sido el núcleo del Proceso de Oslo, que están buscando crear en esta región una zona libre de bombas de racimo. “Ahora Costa Rica se incorpora a este grupo al ser sede de esta reunión regional para discutir el tema. De los tres países latinoamericanos involucrados en la producción de bombas de racimo, hay dos que van a participar en esta reunión: Chile y Argentina. El tercero, Brasil, esperamos que se incorpore en algún momento”. ¿Qué nivel de compromiso tienen? Chile ha presentado una actitud progresista; esperamos que adopte una declaración contraria a la producción y exportación de estas bombas. Argentina se muestra más renuente, quiere que no se prohíban totalmente sino que se eliminen las más antiguas y regular el almacenamiento. Creemos que este no es el abordaje correcto, porque incluso los modelos más nuevos tienen impacto en la población civil. ¿Qué papel tiene EE. UU.? Ha sido el productor y usuario más prolífico, depositando millones de minibombas en Laos, Camboya y Vietnam. Las usaron en Kósovo, Afganistán e Iraq, y en todos estos casos hemos visto que las bombas de racimo fueron responsables de más bajas civiles que cualquier otro tipo de arma. “Estados Unidos tiene el mayor arsenal del mundo de bombas de racimo, con 1.000 millones de minibombas, mientras Rusia y China también cuentan con arsenales cuantiosos. Hay que reconocer que Estados Unidos fue sensible a las críticas que se le hicieron en Kósovo, y la Fuerza Aérea acordó no volver a lanzarlas. El problema es que el Ejército sí las volvió a usar en Iraq y Afganistán. Washington ha reconocido la necesidad de controlar el uso de estas armas, pero no ha querido seguir el Proceso de Oslo”. ¿Qué implicaría su ausencia del proceso? Si llegamos a un tratado amplio para restringir de alguna manera el uso de bombas de racimo, va a tener una fuerza moral muy grande que hará que lo cumplan incluso aquellos países que no están afiliados. Eso ocurrió con el tratado contra minas antipersonales; Estados Unidos no es signatario pero ha dejado de usarlas. El año pasado solo dos países usaron minas: Rusia y Myanmar. ¿Qué sigue ahora con el Proceso de Oslo? Habrá una reunión mundial en diciembre en Viena, otra en febrero en Nueva Zelanda. En mayo-junio esperamos afinar el acuerdo en Dublín y, si todo sale bien, en un año estaremos firmando un acuerdo. Tenemos mucha esperanza porque entre los que participan hay países grandes como Gran Bretaña, Francia y Alemania, y la mitad de los 36 productores de bombas de racimo.
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