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Inversión y gasto público El presupuesto para el 2008 ataca el déficit productivo y social acumuladoEn una situación de bonanza y expansión le corresponde al fisco realizar una política anticíclica El Presupuesto Ordinario de la República propuesto para el ejercicio fiscal del 2008 conlleva buenas noticias. Aumenta la inversión pública en un porcentaje elevado; aumenta el gasto social –incluyendo servicios de educación, vivienda y salud– en un 25%; contempla entre sus partidas un monto importante de transferencias a las municipalidades del país, por encima de las realizadas durante los dos últimos ejercicios fiscales; y, además, mantiene una sana posición de las finanzas públicas, capaz de lograr un equilibrio macroeconómico aceptable. ¿Qué más le podríamos pedir al Ministerio de Hacienda? En materia fiscal, nunca se puede –ni debe– estar completamente satisfecho. Siempre hay algo más que comentar o sugerir, y siempre hay reclamos justificados por hacer. Esa actitud nos ha caracterizado, y con buena razón, en el pasado. Pero esta vez sería injusto señalar tareas pendientes sin antes repasar los buenos saldos que arroja el expediente de la actual administración. Para comenzar, el déficit financiero se ha reducido a una cifra cercana al uno por ciento del PIB, porcentaje muy reducido si se compara con los observados en los últimos 10 años en Costa Rica, y se compara favorablemente, también, con los prevalecientes en los principales países latinoamericanos. El superávit primario costarricense (sin incluir gasto por intereses) no es tan impresionante como el que arrojan los Gobiernos de Argentina y Brasil (3% y 4%, respectivamente), pero es suficientemente elevado para atender el servicio de la deuda sin presionar las tasas de interés en el mercado financiero. Y, lo que es más importante, ese superávit se mantendrá en niveles similares el año entrante, lo que nos permite concluir que, por el lado de lo fiscal, no habrá presiones desequilibradoras que pongan en peligro la estabilidad. Pero la estabilidad sin crecimiento no dura. Ni resulta justa, tampoco, sin enfrentar los problemas sociales de la mayoría de la población. Por eso tiene tanta significación la presentación de un presupuesto ordinario de gastos como el propuesto, que permitirá un incremento en rubros donde existía un déficit productivo y social acumulado. Uno de los más sensibles al crecimiento de la producción es la inversión pública, ignorada en el pasado sin justa razón. El presupuesto ordinario del 2008 contempla un aumento del 50% en infraestructura para hacer frente a la construcción, ampliación y mantenimiento de caminos nacionales y vecinales, puentes y demás, para unir los centro de producción con los de consumo. Y eso significa no solo producción y empleo para el período corriente, sino también para años venideros. Algo similar sucede con los gastos en infraestructura para la educación y salud, también con un déficit acumulado y grandes necesidades por muchos años. Un pueblo educado y sano, y con suficientes vías de acceso, es mucho más sano y productivo. Y, en eso, es meritorio el aporte del proyecto de presupuesto para el 2008. Dicho lo anterior, es necesario advertir que la mejoría fiscal observada, al igual que la proyectada para los próximos 3 años, se debe también a varios factores coyunturales y especiales, algunos de los cuales se salen del resorte del Ministerio de Hacienda. No se puede dar por descontado que durarán eternamente y que la mejoría fiscal concomitante será permanente. Mucho de la reducción del déficit financiero se debe al buen momento que está atravesando la producción mundial y local, con tasas de expansión superiores al 5% en términos reales. Una economía en expansión genera impuestos arancelarios, de ventas, consumo y renta muy superiores al promedio histórico. Pero no hay ninguna garantía de que ese ciclo expansivo se mantendrá por mucho tiempo ni de que los ingresos continuarán creciendo a tasas reales tan elevadas. Tal y como señalan los expertos, el impacto inicial de las medidas administrativas y legales para aumentar la recaudación tiende a disiparse con el tiempo. Por eso, es difícil asumir que una tasa de incremento anual en la recaudación de impuestos, superior al 30%, como el contemplado para el 2008, pueda sostenerse hasta el 2011, como ha planteado el Ministerio. Además, la ortodoxia macroeconómica señala que en una situación de bonanza y expansión, que no ha podido ser contenida ni corregida todavía por políticas monetarias, al fisco le corresponde realizar una política fiscal anticíclica para compensar la expansión y lograr reducir la inflación a los niveles prevalecientes en el plano internacional. Y eso es algo que, entre los buenos resultados, debería seriamente considerar el Ministerio de Hacienda.
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