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Ateos, bienvenidos

Podemos intuirlo, sospecharlo, pero jamás verlo, jamás medirlo

Eduardo Jiménez Chavarría
jceduardo@ice.co.cr
Contador público

Creía que el Big Bang era una teoría científica atea, cuando en realidad se trata de una teoría promovida y sustentada por muchos científicos creyentes del Dios creador de todas las cosas. Su principal argumento es que, si la ciencia admite esta teoría, tendría que admitir postulados que la acercarían “peligrosamente” a la fe.

Al no poder negar las evidencias de que el universo se expande, los científicos tendrían que reconocer que sí hay hechos únicos e irrepetibles que no pueden analizar en sus probetas. Y aquí está elbig problem . El hombre no pudo estar ahí para registrar ese hecho único.

Sin embargo, los científicos no se pueden quejar. Sí han podido ser testigos del nacimiento, desarrollo, agonía y muerte de estrellas y galaxias, con lo cual se “demuestra” la viabilidad de la explosión que estamos viviendo –porque el Big Bang no ha terminado–. Pero, si costó admitir que una explosión sea la precursora del orden y diseño de las cosas, más difícil será para algunos asimilar que tal explosión… ¡fue controlada! Stephen Hawking considera en su libroLa historia del tiempo que, si la fuerza de expansión del Big Bang hubiera sido una cien mil billonésima menor, el universo hubiera colapsado antes de alcanzar su tamaño actual. Esta afirmación implica control total de la explosión para evitar un universo inconcluso o un universo caótico. Propongo que la teoría del Big Bang se denomine de ahora en adelante CxGEC, (Creación por Gran Explosión Controlada), por sus siglas en español.

Hecho único e irrepetible. Todo fluye de él. Detonante de todos los procesos. Podemos intuirlo, sospecharlo, pero jamás verlo, jamás medirlo. Es el arte en el lienzo que no puede explicar la mano creadora. La imagen pulcra extraída del corazón del mármol que no llega a intuir que su belleza está explicada por esa montaña herida, ni por esos residuos desperdigados. Ni por el buril. (¿Y la mano en el buril, más lejana todavía?).

Amputación de la razón. Chesterton proclamaba que había llegado a la fe por la razón sola, lo cual resulta muy sugestivo para los que, ante la disyuntiva, caen en la negación. Hay un punto a partir del cual investigamos, y otro a partir del cual creemos. Así como no admitiríamos la existencia de una estatua sin la intervención de un escultor, ¿Se honra la razón admitiendo diseños, códigos genéticos y delicados equilibrios, sin intervención de una mente que integre, cree y diseñe? ¿Se honra la razón cuando, allá, en lo ignoto, donde apenas cabe la duda, se impone la negación? Se puede proclamar la duda, o cantarla, como Unamuno, pero la negación es una amputación de la razón misma.

Voy, pues, a dar crédito a Chesterton. Los que no –me refiero a científicos escépticos que creen en el Big Bang, pero no en el CxGEC–, quedarán en el ridículo trance de negar una evidencia –como si los científicos pudieran escoger sus respuestas–. Reconozcamos que el Big Bang es en realidad la CxGEC, –el primer paso de fe de un científico–. Admitamos que estamos ante un hecho que desborda toda capacidad de medición, análisis y registro, y asombrémonos de que haya sido el principio de la maravillosa vida. La paradoja sería admitir la CxGEC y seguir negando que las leyes que tensan en delicado equilibrio los cuerpos celestes tengan un rector.

(Entre Dios y la nada, entre Dios y lo absurdo, es el gran dilema de la razón que el cristianismo resuelve con la fe. ¿Por qué escoger ser huérfano? ¿Hay gloria en un asteroide sin órbita, dando tumbos entre un accidente cósmico y otro? Al abrazar la fe, abrazo la ciencia, al negar la fe, caigo en lo absurdo porque la ciencia ha dado un gran paso hacia la fe. Por eso desde la fe digo: ateos, bienvenidos).

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