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20 años después de Esquipulas

La región se ve mejor, pero tiene una agenda pendiente en lo social

Alexander López
Director Escuela de Relaciones Internacionales UNA

El 7 de agosto de 1987, los presidentes centroamericanos firmaron los “Acuerdos de Paz de Esquipulas II”, sin duda el documento de mayor importancia y repercusión en el devenir de los pueblos centroamericanos en la historia reciente.

La región estaba entonces dividida social y políticamente, alentada por una confrontación este-oeste. El panorama social era desolador, la institucionalidad democrá- tica casi no existía (salvo en Costa Rica) y el ejercicio de la libertades individuales era muy limitado.

¿Como cambia la región con los acuerdos de Esquipulas?

Sin duda, el mayor logro fue el cese de hostilidades, la desaparición de los regímenes militares, materializada con la subordinación de los aparatos del Estado al poder civil, y en general el inicio de la vida democrática en los países del área, con gobiernos civiles, electos en comicios libres.

Relanzamiento. Igualmente, los acuerdos en alguna medida generan un ambiente favorable para el relanzamiento del proceso de integración centroamericana, con la adopción de todo un marco regional institucional derivado de la firma del Protocolo de Tegucigalpa en 1991. Este proceso se enriquece con la Alides (1994). No obstante, siguen generando dudas instituciones como el Parlamento Centroamericano y la Corte Centroamericana de Justicia, que consumen la mayor parte del presupuesto de la integración regional.

En lo económico y comercial, la realidad posterior a Esquipulas es muy distinta. En la década de 1980, el crecimiento del producto interno bruto fue ligeramente superior al 1,2%, incluso con tasas negativas en algunos países, pero cifras del Banco Mundial indican que una década más tarde ya era del 4,2%.

¿Cuál es la agenda pendiente? La representan en lo medular tres temas. En primer lugar, la pobreza y la desigualdad social. Si bien los indicadores macroeconómicos han mejorado, la desigualdad se mantiene. Por ejemplo, en Nicaragua el 10% más adinerado se reparte el 40,5% de la riqueza, mientras que en Guatemala el mismo 10% se apodera del 40,3% de los ingresos.

Gran reto. Cuatro de los siete países de la región (El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) están entre los más pobres del hemisferio. Según el Informe de Desarrollo Humano 2006 del PNUD, El Salvador, que encabeza la lista de los países centroamericanos de desarrollo humano medio, ocupa apenas el puesto 101. Por tanto, el primer gran reto que enfrenta la región es la búsqueda de estrategias para disminuir los altos niveles de desigualdad y exclusión social.

El segundo gran reto es la violencia social. La lucha armada fue sustituida por una región muy violenta, donde tres países (Honduras, El Salvador y Guatemala) tienen tasas de homicidios cercanas a los 40 por cada 100.000 habitantes. Lo paradójico es que, no obstante que el tamaño de los ejércitos ha disminuido (según el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigaciones sobre la Paz, Centroamérica fue la única región del mundo donde los gastos militares disminuyeron en la última década, en un 5%), los gastos por combate a la delincuencia han aumentado. Por ejemplo, según un informe del PNUD, El Salvador destina un 11,5% del PIB al combate de la violencia.

Finalmente, tenemos el reto de la vinculación con la economía mundial en condiciones de mayor simetría. El Acuerdo de Libre Asociación con la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio con los EE. UU. son dos de los retos comerciales actuales más apremiantes para toda la región. Ambas iniciativas se enmarcan en una realidad que ningún país del área puede obviar, por tratarse de los socios comerciales extrarregionales más importantes para Centroamérica.

En conclusión, 20 años después de Esquipulas, la región se ve cualitativamente mejor en el plano de la institucionalidad democrática, pero aún tiene una agenda pendiente en lo social y, por supuesto, una serie de retos derivados del entorno global en el naciente siglo XXI.

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