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PÁGINA QUINCE Eladio Jara Jiménez |
La voz de las urnas
El respeto a la decisión en las urnas nos ha permitido vivir en paz
Ingeniero
Hasta este momento, no se ha podido descubrir un sistema mejor que la democracia para gobernar un país. Se trata de respetar la voluntad mayoritaria expresada con los votos de toda la población.
En nuestra historia política hubo algunas elecciones fraudulentas, que se lograron sostener por la fuerza de las armas, pero también los mecanismos electorales eran empíricos y resultaba fácil cometer fraudes.
No fue hasta 1948 cuando el Gobierno de Teodoro Picado creó el Tribunal Supremo de Elecciones y lo integró con tres jueces de la más alta categoría. Entonces, se mejoraron los controles; se exigió a los electores la presentación de la cédula de identidad para poder votar y se eliminaron de los padrones electorales los nombres de todos los muertos que allí aparecían y que muchas veces sirvieron para elegir al presidente.
Burla y luto. En 1944, el torneo electoral fue una burla del Ejecutivo para evitar que León Cortés volviera a ser presidente. En 1948 se pretendió hacer lo mismo, anulando la elección de Otilio Ulate, con el fin de que Calderón Guardia siguiera manejando este país. Ese nuevo intento de burlar la voluntad popular puso al país en pie de guerra y José Figueres llamó a las armas. Esa guerra civil sacrificó cerca de mil costarricenses, y el luto cubrió a muchas familias de ambos bandos.
Con el triunfo de Figueres en la Revolución del 48, desaparecieron los fraudes electorales. Desde entonces, todos los presidentes han sido elegidos por la voluntad de las mayorías. Recuerdo que en 1966 las encuestas indicaban que el candidato del Partido Liberación Nacional sería el ganador; sin embargo, los resultados electorales dieron el triunfo a José Joaquín Trejos por una estrecha mayoría de 5.000 votos.
Respeto absoluto. Algunos pedían al Presidente de la República Francisco Orlich desconocer ese triunfo por lo escaso de la diferencia. Don Chico les respondió: “Los que pretendan burlar ese resultado me encontrarán en la acera de en frente”.
Y don José Joaquín Trejos fue el presidente de la República de 1966 a 1970.
Los tribunales electorales han sido integrados desde 1948 por jueces muy honorables, gente de mucho prestigio, que en su mayoría han pasado por los puestos más altos de la Corte Suprema de Justicia.
El respeto a la voz de las urnas electorales nos ha permitido vivir en paz durante los últimos 60 años. No dejemos que ese respeto se pierda. Procuremos que siga vigente por toda la vida. Eso significa que podemos seguir viviendo en paz.
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