Costa Rica, Sábado 27 de octubre de 2007

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Mario Avilés | marioaviles@racsa.co.cr

La máter sin alma

 Quien se arroga la soberanía comete traición a la patria

Abogado

A propósito de despropósitos, ya que tantos comentarios está suscitando la actitud de los neorradicales (que no son todos los que votaron NO), quisiera recomendarles un excelente libro que leí hace años. Lo escribió John Kennedy Toole y se llama La conjura de los necios . Empieza con una reflexión que más o menos dice así: “De vez en cuando, en este mundo aparece un genio y podréis identificarlo por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

Las universidades estatales, en el tanto que son instituciones autónomas, tienen no solo el derecho, sino también la obligación de atender y contestar las consultas que le formulan los órganos competentes. En este sentido, hay que tener claro que, si una comisión legislativa consulta un proyecto de ley a la UCR o al ITCR, esa institución debe evacuarla de acuerdo con el régimen aplicable; esto es, el titular de la institución, como cabeza visible, propone una respuesta y la somete a conocimiento del resto de los integrantes del órgano colegiado (Consejo Universitario, en este caso), que deben votar y aprobar el criterio final. Esa opinión se va para el Poder Legislativo y, si este tiene alguna duda, se le solicita al ponente ampliar criterios en comisión y se le confiere audiencia para tales efectos. Pero hasta ahí.

Delito de sedición. Lo que resulta impensable es que un rector de una universidad estatal se instituya como vocero o representante de una tendencia política, cuando carece de legitimación para ello. No hay que olvidar que vivimos en una democracia representativa por excelencia (la consulta popular y el referendo son excepciones que confirman esta regla) y nuestra Constitución establece que los ciudadanos pueden intervenir en asuntos de política nacional cuando se organizan mediante partidos políticos (artículo 98) y, por si esto fuera poco, el artículo 4 de la Carta Magna reza que ninguna persona o reunión de personas puede asumir la representación del pueblo, arrogarse sus derechos o hacer peticiones a su nombre, y que la infracción a este mandato constituye delito de sedición. A mayor abundamiento, el numeral 3 establece que quien se arroga la soberanía cometerá el delito de traición a la patria...

¿Dónde están y quiénes son los verdaderos traidores de Costa Rica? Desde luego que no es ni el presidente de la República ni el Poder Ejecutivo ni el TSE, ni mucho menos quienes votamos SÍ. Traidor es el que desdeña las reglas del juego democrático, el que despotrica contra el Estado de derecho y cualquiera que vaya por ahí diciendo que representa el sentir del pueblo porque a él se le ocurrió o le convencieron de que así eran las cosas, ese es el verdadero traidor.

Simplemente vergonzoso. No voy a entrar en consideraciones de orden laboral, como, por ejemplo, el abandono de trabajo como causal de despido sin responsabilidad patronal, algo consuetudinario en don Eugenio Trejos, por ejemplo, rector del TEC, que sigue en su sueño de opio dándoselas de adalid del pueblo... simplemente vergonzoso. Este señor, quien se supone se debe a su alma máter, pretendió ponerse a la altura del presidente de la República y, un día sí y el otro también, se la pasaba denunciando una disparidad que sencillamente pudo haberse dado porque la situación de ambos interlocutores no era, ni por asomo, equivalente. Una de las principales asimetrías consiste en que el Poder Ejecutivo detenta, por voluntad del constituyente, el monopolio en cuanto al manejo de las relaciones internacionales de la República y, en forma excepcional, la iniciativa en la formación de la ley; ergo, tiene el Poder Ejecutivo la potestad de hacer todo su mejor esfuerzo por publicitar y mercadear sus propuestas programáticas, como es el TLC. No tiene, en cambio, don Eugenio Trejos, asidero legal alguno para justificar sus estropicios, pues la única facultad que le reconoce el ordenamiento en este caso es la de emitir un criterio cuando en calidad de jerarca de una institución autónoma se le requiere su opinión sobre un asunto en particular.

Esta confusión aún parece flotar en el ambiente y hay que dilucidarla cuanto antes. A lo mejor la ley de referéndum tenga lagunas normativas que, desde luego, hay que integrar de la forma más racional posible, pero lo que no se puede pretender es aplicar a esta figura de democracia participativa las mismas reglas de las votaciones nacionales.

El Ejecutivo, con don Óscar Arias a la cabeza, hizo bien en defender a capa y espada el TLC, y no solamente hizo bien, sino que estaba y está en todo su derecho de hacerlo. En el caso de don Eugenio no es así, no porque su entereza moral sea mayor o menor, sino porque, como funcionario público, está sometido al principio de legalidad y ninguna normativa, ni general ni interna, le da luz verde a un rector para decretarse una suerte de año sabático, dejar tirada a la universidad y dedicarse a liderar una posición radical y sediciosa que, por poco, le cuesta su propia cabeza. Solo hay que recordar el papelón que hizo este señor antes las turbas enardecidas el domingo 7, a eso de las diez de la noche, de donde salió bien librado de puro milagro, pues su propio rebaño pedía sangre, y lo que sí quedó muy claro es que don Eugenio ni estaba ni está para morcillas. Requiescat in pacem , luminaria fallida, que sobre tu lápida se escribieron las cinco palabras por las que te recordaremos siempre: ¡Esta mula fue mi macho!

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