Costa Rica, Viernes 26 de octubre de 2007

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Glenm Gómez

Ni sí ni no

 No sé si don Jorge Guardia distingue entre una constatación y un juicio de valor

Conferencia Episcopal de C. R.

Don Jorge Guardia, en su columna “ En guardia ” del pasado 23 de octubre, desarrolla un ambiguo concepto del “sí pero no”. Al respecto, según él, la Conferencia Episcopal de Costa Rica reclamó derechos adquiridos en un singular documento intitulado “Momento privilegiado para Costa Rica” a su juicio: “un inusual acto de contrición por no haber defendido a tiempo lo que en el fondo pensaban sobre el TLC, globalización, pobreza y equidad”.

Guardia confunde en sus términos un acto de constricción con un mea culpa o simple golpe de pecho. Acto de contrición “es un dolor del alma y un detestar del pecado cometido con propósito de no pecar en adelante” (cf. Concilio de Trento, De sacramento Poenitentiae, cap. I). Según sana doctrina, este examen interior, no público como lo supone don Jorge, es un anhelo de ser mejor, de dejar la gracia actuar y parecerse cada vez más a Cristo. Entonces, no resulta agraviante aplicar a la Iglesia ese concepto pues, así entendido, habla más bien de una institución viva y perfectible.

Lo anterior es peccata minuta, nada que, con un repasito al catecismo, no vaya a enmendarse.

Lo que sí me extraña es que el autor, por desinformación u omisión, asegure que la Iglesia no defendió a tiempo lo que en el fondo pensaban sobre el TLC, la globalización, la pobreza y la equidad, pues esa afirmación supone que la Iglesia estuvo al margen de los aspectos éticos del TLC.

Pareciera que don Jorge solo tuvo acceso a un documento final, o sea, “agarró la cola” de una serie de propuestas de carácter ético que la Conferencia Episcopal de Costa Rica asumió respecto al proceso de discusión del TLC, desde antes de la V Conferencia de Aparecida.

Discernimiento ético. Hace un año exactamente, los obispos presentaron sus “Recomendaciones a la Comisión de Asuntos Internacionales de la Asamblea Legislativa sobre el TLC” y enfatizaron que a la Iglesia le correspondía, legítimamente, interesarse por la dimensión ética del TLC, entiéndase, la consecuente claridad en cuanto a los efectos que las medidas contenidas tendrían sobre la equidad en materia distributiva de beneficios, ingresos y oportunidades.

Incluso, manifestaron su preocupación de que los principios esenciales como justicia, equidad, libertad y solidaridad estuvieran en la base de toda política económica y social por implementar, a fin de pasar de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas. [Populorum Progressio, 21].

Globalización. No sé si don Jorge tiene clara la diferencia entre una constatación o un juicio de valor, pues asegura que los obispos se inspiraron en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Aparecida al citar: “la globalización es conducida por una tendencia que privilegia el lucro y competencia y sigue una dinámica de concentración de poder y riqueza en manos de unos pocos”. En la argumentación de los obispos, esta cita viene a ser solo un referente que no abandona ni ignora cuanto ha sido tratado en abundancia en la doctrina social de la Iglesia sobre la globalización, a saber, que esta es un hecho humano. Por ello, “a priori la globalización no es ni buena ni mala. Será lo que la gente quiera que sea” (Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, 27 de abril del 2001).

La globalización no solo tiene una dimensión económica, sino cultural y política. El mismo Juan Pablo II, desde una perspectiva cristiana de la realidad, enseñaba que el primer principio que ha de regir la globalización “es el valor inalienable de la persona humana, fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social. El ser humano debe ser siempre un fin y nunca un medio, un sujeto y no un objeto, y tampoco un producto comercial”.

De este principio se deriva la necesidad de “entretejer de solidaridad las redes de las relaciones recíprocas entre lo económico, político y social, que los procesos de globalización en la actualidad tienden a aumentar” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1.° de enero del 2000),

Subsidariedad. Finalmente, enseñaba el Papa, la subsidiariedad es, quizás, el principio ético más revolucionario de la doctrina social cristiana en el tema de la globalización. Esta base doctrinal de los obispos costarricenses, que según don Jorge se acerca a las tesis del NO, debe también tener coincidencia con los postulados éticos del SÍ, cuanto más al constatar que una gran cantidad de católicos asumió la defensa del Tratado.

Pregunta don Jorge: ¿Se confesaron los curitas directamente con Dios? Ya no es acto de contrición, sino confesión, pero igualmente seguimos vacilando en doctrina… Los curitas a los que don Jorge se refiere – supongo que incluye obispos y clero– fuimos ciudadanos, con deberes y derechos, que más que por un entusiasmo pasajero o por una conveniencia política, como lo hicieron algunos sectores religiosos, desde un claro esfuerzo de discernimiento, ya fuera en las trincheras del centro, del SÍ o del NO, procuramos favorecer el diálogo y la discusión sobre el TLC y vimos clara la necesidad de priorizar no solo objetivos de eficiencia, competitividad y productividad, sino también de equidad, justicia, participación, solidaridad y respeto al ambiente. No sé mis compañeros sacerdotes, pero yo por esa materia no me confieso…

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