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PÁGINA QUINCE Fernando Durán Ayanegui |
Hermanos de alquiler
Un resultado lógico del manejo de nuestro sistema educativo
académico
La noticia de que en Alajuela existe una empresa, llamada “universidad”, dedicada a prestar a los estudiantes de secundaria el servicio de “solución” de tareas académicas, es una antinoticia. Se trata de un hecho trivial, previsible, provocado, estimulado, legítimo, legal y natural. Es el resultado lógico del manejo que se la ha dado a nuestro sistema educativo, tanto como es lógico el sofisticado desarrollo que ha experimenta la prostitución a causa de ciertas políticas de turismo adoptadas en nuestro país. Rasgarse las vestiduras ahora, cuando se han ignorado todas las advertencias previsoras de lo que está ocurriendo, es un descarado despliegue de hipocresía.
En primer lugar, la negativa a establecer regulaciones razonables al ejercicio de la libertad de enseñanza fue de suyo hipócrita e irresponsable. Comencemos por el hecho de que la empresa en cuestión no incurrió en ilegalidad alguna al autodenominarse universidad: todos sabemos que la posibilidad de llamar así a cualquier chinamo académico se dejó abierta con una ley emitida bajo el auspicio del gobierno de Rodrigo Carazo.
Régimen de cambalache. Pero eso no es lo medular. La aceptación, por parte de quienes recurren a los servicios de tal empresa, de que con esa práctica no se privan de conocimientos o destrezas que en el futuro podrían hacerles falta apunta hacia realidades propias de nuestro sistema social. El convencimiento de que el dominio de las matemáticas es algo superfluo no podrá ser rebatido mientras, en efecto, ocurra una de dos cosas: que la enseñanza de esa materia es tan mala en nuestro sistema educativo que no le proporciona al estudiante ninguna de las ventajas que podría sacar de “saberla bien” o que, en verdad, las funciones que nuestros futuros trabajadores, políticos, deportistas, funcionarios, artistas, proxenetas, surfeadores, estilistas y astrólogos están llamados a desempeñar no requieren de esos conocimientos. Ninguna de las dos posibilidades puede ser desechada antes de que el contingente de ciudadanos y ciudadanas formados y formadas en el actual régimen del cambalache no llegue, como se dice, al mercado de trabajo. Tal vez ambas resulten equivocadas, con lo cual solo nos ocurriría lo que debe de haberles ocurrido a los serbios que habían ido a estudiar en las academias navales, una vez que su país perdió el acceso al mar, o a los pescadores de Uzbekistán que aprendieron a pescar mientras el único mar que tenían se les iba secando.
En esos dos casos, los futuros marineros serbios y los futuros pescadores uzbecos no fueron avisados por sus políticos de que iban a ser víctimas de acciones que dejarían a todo el mundo en el aire: desatar una guerra tan perdida de antemano que hasta el menos ducho en historia pudo haber advertido que Serbia pasaría, de ser un país del Mediterráneo, a ser un país mediterráneo y, por lo tanto, era mejor asistir a una escuela de ballet que a una academia naval, y un plan de regadío tan estúpido que de entrada significaba la conversión de la riqueza pesquera de Uzbekistán en un yacimiento de cloruro de sodio y, lógicamente, había que cambiar los anzuelos y las redes por palas y mascarillas.
Que otro “gane”. En nuestro país se ha dicho abiertamente que los jóvenes de ciertas zonas deben aprender francés para que sean buenos meseros y buenos taxistas cuando lleguen los turistas europeos y, aparte de que algunos y algunas han tomado lo de ese aprendizaje en un sentido muy inconveniente y harto peligroso para nuestra salubridad pública, lo cierto es que, si el paradigma ocupacional es ese, ¿a qué viene el aprendizaje de las ciencias, por ejemplo? Mejor se deja que alguien gane por nosotros las materias científicas y aprendemos a cantar las canciones de Edith Piaff, a tender una cama después de un zangoloteo y a vender líneas de coca en la lengua de Sarkozy. ¿Acaso son indispensables los conocimientos de anatomía o de fisiología del cuerpo humano para desfilar bien en las pasarelas o para chutar un gol desde los treinta metros? Hay que dejarles las “mates” y las ciencias a los futuros médicos e ingenieros, que serán siempre pocos y no tan bien pagados como los cracks, los artistas y los vendedores de crack. ¿Y quién les ha dicho a ustedes que los diputados y los presidentes ejecutivos, los cónsules y los embajadores tienen que saber algo de matemáticas, física y química? Y mucho menos de español o de historia porque los discursos se los escriben unos idiotas que, en vez de disfrutar perfeccionando su karaoke se dedicaron a estudiar la llamada lengua de Cervantes y los aburridos libros que hablan de babosadas que ocurrieron hace tiempo y ahora a nadie le importan.
Finalmente, como desde hace ya quince años existen, sin que nadie diga nada en contra, empresas dedicadas a escribirles las tesis por encargo a muchos egresados universitarios, ¿quién nos asegura que los profesores y maestros que “les dejan” las tareas a los estudiantes saben siquiera cómo se resuelven? En la de menos, ellos deberían ser los primeros clientes de los “resolvedores” profesionales de trabajos escolares. Otrosí, desde hace varios decenios los graduados de secundaria de Costa Rica pasaron todos sus cursos de literatura leyendo unos pésimos resúmenes de las obras de autores nacionales y extranjeros y hasta ahora nadie ha podido demostrar que para ganar el concurso de Miss Fitness u ocupar el puesto de Ronald McDonald haga falta recordar quién escribió Cien años de sólo edad o Un nica mirando al mar. Por otra parte, no hace mucho un Presidente de la República de Costa Rica, graduado en ciencias médicas, declaró paladinamente que en su vida le habían resultado totalmente inútiles sus conocimientos de trigonometría.
Así, entonces, dejemos en paz a los bondadosos y emprendedores manudos que, por encargo, les hacen tareas a los carajillos. Después de todo, si las madres y los padres de esos muchachos y esas muchachas pueden llamar en su auxilio a los “maridos de alquiler”, ¿por qué los hijos no van a poder contar con una buena empresa de rent-a-brother?
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