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PÁGINA QUINCE Jaime Trobo |
La madurez de Costa Rica
Parlamento de Uruguay
Tentados los conservadurismos históricos para desafiar la apertura. Motivados los fantasmas de las izquierdas que se autodenominan “antiimperialistas”. No podía darse panorama más adverso que este en Costa Rica, para que el Gobierno de Óscar Arias y los propulsores del despegue de la economía de ese país lograran el objetivo de contar con la ratificación ciudadana a la alianza comercial con EE. UU. Sin embargo, en ejemplar conducta cívica, la mayoría de los ciudadanos resolvieron aprobar el camino del Tratado de Libre Comercio.
Los acuerdos de libre comercio, que inevitablemente llegan antes que el libre comercio en sí, que todos aspiramos que surja de las negociaciones multilaterales en la Organización Mundial del Comercio, son para los países latinoamericanos un gran instrumento de prosperidad, que permitirá que el empresariado local pueda asumir desafíos, que las inversiones se potencien en apoyo a la necesidad de creación de empleos y así acceder a una calidad de vida digna para nuestra gente.
Insatisfacción. El ejemplo de Chile, que ha desarrollado una verdadera política de tratados de libre comercio, parece interesante para la retórica en nuestros países, pero a la hora de practicarlo no parece tan atractivo. Es que el comercio, que no tiene ideologías, en la medida que se desarrolle y se puedan fundar mejores días para la gente, acota los espacios de los discursos del “socialismo del siglo XXI”, que necesita sociedades con demandas insatisfechas y culpables de sus desgracias.
Costa Rica, con solvente democracia, ha demostrado en tiempos de “reformas constitucionales” que procuran la suma del poder público a los iluminados, que con instrumentos clásicos como el voto libre pueden tomarse determinaciones serias y de largo plazo. Y ello –no tengo duda– ha sido soportando la presión de una intervención desmelenada que ejercieron Cuba y Venezuela, quienes actúan subterránea y públicamente en las democracias de la región.
Camino. El voto mayoritario en el referéndum del 7 de octubre traza un camino que será largo pero provechoso; se pondrán en marcha reformas profundas en la economía, se revisará el papel del Estado y el alcance de su intervención en la economía, la forma en la que las potencialidades de ciudadanas y ciudadanos emprendedores, los jóvenes con aspiraciones a un futuro forjado con sus propias capacidades serán, en definitiva, los instrumentos que podrán realmente desarrollar la sociedad.
No hay duda, ha sido una buena noticia para toda Latinoamérica la madurez con la que Costa Rica recorrió el camino del debate y la resolución sobre su futuro.
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