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PÁGINA QUINCE Diego Víquez |
Don Óscar, algunas propuestas
Con el fin de construir, no de destruir y obstruir
Filósofo
Reforma a la Ley del Servicio Civil Educación y salud como políticas de Estado a partir de la gestión actual Lucha contra la pobreza de carácter estructural Reforma tributaria Política agrícola
Como de destruir y obstruir sin proponer se ocupan algunos tan bien, voy a tratar de esbozar algunas líneas sobre algunos temas que considero indispensables para la construcción de la agenda nacional que se debe construir, de cara al país que queremos juntos desarrollar.
Las hago desde la trinchera ciudadana y de lector asiduo de la cotidianidad nacional y en mi calidad de ex compañero de su honorable equipo de trabajo. Estas reflexiones, tal vez podrían alumbrar el camino sobre algunos temas que me parece que se encuentran algo postergados, pero que son de una enorme importancia, tanta como los subsidios a los muchachos de secundaria o duplicar las pensiones de los viejitos, sugerencias que le hice hace casi tres años, y que usted buenamente acogió. Se trata de cinco temas, tres de agenda social y dos de buen gobierno.
Agenda social. Hace muchos años, el país no tenía al frente de la CCSS o del MEP, dos ciudadanos de la claridad de Leonardo y Eduardo. Me parece que es la mejor coyuntura para lograr que ellos plasmen no solo la memoria de su gestión, sino la visión de sus esfuerzos. Es necesario que el país sepa hacia dónde se orientan sus afanes sobre todo en clave de futuro, para que seamos capaces de elaborar, desde lo que ha sido su clara gestión, una política de Estado en materia de Educación y Seguridad Social, que logre trascender el estrecho horizonte temporal de una administración y se asuma, como proyecto nacional en las siguientes.
Con respecto a la lucha contra la pobreza, particularmente la selectiva o focalizada hacia segmentos específicos de la población, es urgente rescatar programas e instituciones del clientelismo y la dádiva eternizadora de la pobreza. Aún es tiempo de coordinar mejor, de corregir con visión desarrollista lo que se ha hecho hasta la fecha.
No podemos seguir haciendo política social selectiva como se hacía en América Latina hace 25 años. La evolución experimentada por estos programas en otros países como México, Brasil y Chile, es realmente impresionante. Sus Fondos de Inversión Social, su institucionalidad, se han ido especializando de tal forma que, si los comparamos con los nuestros, da un poco de pena. Son muchos millones anuales, como para seguirlos repartiendo sin ton ni son.
En cuanto al sector agrícola, me permito introducirlo dentro de la agenda social, porque no quiero hablar sobre los agricultores exportadores, sino sobre el sector que tiene años postergado en el olvido, el de los microproductores, esos que de exportación no saben nada, pero que siguen siendo costarricenses y siguen teniendo hijos que criar. Es urgente crear programas específicos para ellos, no para que exporten ni se hagan millonarios, no, se trata de crearles programas para que vivan dignamente primero, lo otro ya se verá. Programas que tengan que ver con el mínimo de asistencia técnica, con respeto por lo que saben producir y por ayudarles lo básico con la comercialización y apertura de mercados.
Buen gobierno. Aunque es más que evidente que estos dos temas no son de mi especialidad, me parece que son fundamentales para el buen gobierno, el actual y los que vengan.
El primero tiene que ver con reformar la Ley del Servicio Civil; el país no puede seguir en manos de una burocracia que tiene asegurado su trabajo ad perpétuam. Todo trabajador del Estado debería ser evaluado anualmente contra resultados, y no con esas absurdas evaluaciones del desempeño que suelen hacerse, que consisten básicamente en repartir las hojitas de evaluación a los subordinados para que ellos mismos las completen. Pablo de Tarso había dicho: “el que no trabaje, que no coma”.
El segundo tiene que ver con impuestos. Los espejismos de los ciclos económicos cuando son buenos, consisten en hacernos pensar que la luna es de queso y activar un ambicioso programa de inversión, que luego es insostenible en tiempos de desaceleración o recesión. Retomar la reforma tributaria es indispensable, no solo por razones de conveniencia, sino también de justicia; una vez aprobado el TLC, debemos pensar en redistribuir, no solo por la vía del empleo, también por la vía de lo recaudado con nuevos y creativos tributos. El camino para elaborar esta reforma debe ser lo más participativo posible, de modo que, cuando llegue al plenario legislativo, el camino ya esté parejito.
Finalmente. La propuesta última es que a todo lo anterior se llega más rápido por la vía de los procesos de diálogo; la admirada Irlanda lo hizo apostando por los Consejos Sociales, y los resultados se dieron con mayor fluidez de la esperada. Por ahora, no molesto más.
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