Costa Rica, Domingo 21 de octubre de 2007

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Bruno Stagno U.

A pocos pasos del Consejo de Seguridad

 Contamos con autoridad moral y hemos sido transparentes

Ministro de Relaciones Exteriores y Culto

El pasado 16 de octubre, contra los pronósticos de más de un analista y algunos factores imponderables que de una u otra manera podían incidir negativamente en el resultado, Costa Rica quedó electa para ocupar el único asiento disponible para la región de América Latina y el Caribe en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el período 2008­2009. Con ello cumplimos uno de los 7 objetivos prioritarios en materia de política exterior consignados en el Plan Nacional de Desarrollo de la Administración Arias Sánchez.

A partir del 1.° de enero del 2008, formaremos parte del único foro del sistema de Naciones Unidas que sesiona de manera permanente y que puede tomar decisiones vinculantes sobre los 192 Estados miembros (cuando opera bajo el llamado capítulo 7 de la Carta). Desde el Consejo de Seguridad tendremos medios adicionales para hablarle al mundo con más resonancia acerca de otros objetivos que nos hemos planteado en materia de política exterior. Ahora inicia una etapa de arduo trabajo para estar a la altura de los retos y amenazas que se encuentran en la agenda del Consejo, para profundizar nuestro manejo del procedimiento interno, y para asegurarnos que no seremos simplemente uno más.

Pasos previos. A pesar de ser miembro fundador de las Naciones Unidas, nuestro país ha sido miembro del Consejo de Seguridad solo en dos ocasiones anteriores (1974­1975, 1997­1998), es decir, hemos estado representados un 6,5% del tiempo. Un tercer intento, ensayado durante la administración Carazo Odio, fracasó después de 22 rondas, y no logramos imponernos frente a un contrincante cambiante, en una de las elecciones más sui géneris que se han dado en Naciones Unidas. En esta reciente elección, logramos reunir no solo la más alta votación jamás cosechada por Costa Rica (116 en comparación con 104, 89 y 105 en elecciones anteriores), sino también la más amplia ventaja sobre nuestro adversario de turno (44 votos).

Para efectos de nuestra futura participación, y tomando en cuenta el hecho de que actualmente hay un récord histórico de 30 situaciones en la agenda del Consejo y 17 misiones de mantenimiento de la paz operando en diferentes rincones del planeta, la experiencia ya vivida en el período 1997­1998 es a todas luces aún pertinente y merece toda nuestra consideración. Sin embargo, si bien la agenda ya acordada por el Consejo será parte de nuestro trabajo diario, no debemos dejarnos abrumar por ella. Debemos abrir los espacios necesarios para trabajar nuestras propuestas e iniciativas.

Iniciativas con huellas profundas. Ciertamente no aspiramos a ser uno más. En el Consejo de Seguridad se reúnen 15 Estados que, a pesar de la supuesta igualdad soberana de todos los miembros consagrada en el artículo 2.1 de la Carta, tienen prerrogativas diferentes. El artículo 27.3 de la Carta es el que de manera más evidente marca esas diferencias al conferir el veto a los 5 miembros permanentes. Sin embargo, el veto (tanto abierto como velado) es tan solo una parte de esa desigualdad soberana y una realidad, a pesar de la cual y contra la cual no debemos desalentarnos en nuestros esfuerzos.

Sabemos que algunas de nuestras propuestas no contarán con el apoyo de algunos de nuestros futuros socios en el Consejo. Sin embargo, no solo tenemos como país la autoridad moral para abogar por los principios y propósitos que nos inspiran, que son además plenamente congruentes con los valores de la propia Carta de las Naciones Unidas, sino que, además, hemos sido absolutamente transparentes en dar a conocer nuestras iniciativas con antelación, inclusive distribuyendo varias de ellas como documentos oficiales de Naciones Unidas (documentos S/2003/366, S/2004/758, A/59/856, A/60/L.49, A/60/235, A/C.1/61/L.55, entre otros). Llegamos con una agenda propia que, siendo fiel a nuestros valores tradicionales, busca promover o defender ciertos bienes globales que se hallan actualmente desatendidos o amenazados.

Si bien el Consejo de Seguridad tiene un ámbito de acción claramente definido por la Carta de las Naciones Unidas, desde el fin de la Guerra Fría, este órgano ha venido progresivamente ampliado sus áreas de competencia, entrando en algunos casos en duplicidades con la Asamblea General. Este proceso no debería preocuparnos mayormente si no fuera porque el Consejo ha desatendido algunas áreas en las que sí tiene claras responsabilidades. Concretamente, el Consejo de Seguridad ha incumplido, desde la adopción de la Carta en 1945, con la responsabilidad que le confiere el artículo 26, y esto por razones que son demasiado obvias para enumerarlas en esta ocasión. Conviene citar dicho artículo porque es un corolario perfecto al Consenso de Costa Rica: “a fin de promover el establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos, el Consejo de Seguridad tendrá a su cargo […] la elaboración de planes que se someterán a los Miembros de las Naciones Unidas para el establecimiento de un sistema de regulación de los armamentos”. Contamos, por lo tanto, con un mandato explícito de la propia Carta de las Naciones Unidas para darle vida al gasto ético que propone el Consenso de Costa Rica.

Obligaciones existentes. Dentro de ese espíritu se enmarca también nuestra propuesta para codificar las obligaciones existentes que emanan del derecho internacional y que permiten regular la compra, venta y transferencia de armas. Este es precisamente el objetivo del Acuerdo Marco sobre el Comercio de Armas que el presidente Arias ha venido promoviendo desde hace una década. El pasado 6 de diciembre 2006 dimos un importante paso hacia delante al quedar aprobada, en la Asamblea General de Naciones Unidas, la resolución A/RES/61/89 presentada por Costa Rica. Ahora, aprovechando esas duplicaciones que se presentan en la acción de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, e invocando el artículo 26 supra citado, podremos darle un renovado impulso a esta importante iniciativa costarricense.

Nuestras gestiones en materia de desarme trascienden la regulación, y abarcan también la eliminación y no proliferación de armas, en particular dentro del marco de las obligaciones que emanan del Tratado de No Proliferación (TNP) y del Tratado para la Prohibición Completo de Ensayos Nucleares (TPCE), del cual recientemente Costa Rica asumió la presidencia para el período 2007­2009. Si bien compartimos las legítimas preocupaciones de una inmensa mayoría de la comunidad internacional en cuanto a las amenazas de proliferación horizontal, en particular casos como los de la República Islámica de Irán y la República Popular Democrática de Corea, creemos que es igualmente necesario atender las amenazas que surgen de la proliferación vertical. Como ya hemos expresado en ocasiones anteriores, no podemos aceptar la proliferación de fueros especiales a la no proliferación.

Contra la impunidad . De igual manera, pretendemos combatir aquellos fueros que confieren impunidad a los criminales que han violentado el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) al cometer crímenes de lesa humanidad. La resolución S/2005/1593 mediante la que se remite la situación en Darfur a consideración del fiscal de la CPI, representa un importante avance en la cooperación que debe existir entre el Consejo de Seguridad y la CPI. Existen, sin embargo, otras avenidas que deben ser exploradas y que podremos promover aprovechando nuestra doble condición de miembro del Consejo de Seguridad y de presidente de la Asamblea de Estados Parte de la CPI.

Pero nuestro apego a los derechos humanos debe también enfocarse hacia el interior del Consejo de Seguridad, en particular hacia una serie de órganos de sanciones y otros órganos subsidiarios que aún no han logrado adecuar sus procedimientos internos al debido proceso. Esta tarea es delicada por la supuesta vinculación al terrorismo internacional de las personas que son objeto de su atención Sin embargo, trataremos de materializar nuestra iniciativa para crear un Alto Comisionado contra el Terrorismo y así permitir a las Naciones Unidas atender otros frentes importantes en el combate al terrorismo dentro de un marco de pleno respeto al derecho internacional.

Por último, queremos abordar la reforma de los métodos de trabajo del Consejo. En ese sentido, hemos venido trabajando con un grupo de países denominado los Small 5 (S5 por sus siglas en inglés, compuesto además por Jordania, Liechtenstein, Singapur y Suiza) para lograr un apalancamiento externo y reducir la opacidad que caracteriza a parte importante de los procesos internos del Consejo. Adicionalmente, consideramos que la tarea de aprender de los errores del pasado es impostergable, por lo que abogaremos para que el Consejo de Seguridad inicie un proceso de autocrítica constructiva en seguimiento a las recomendaciones que emanan de algunos informes que han pasado al olvido, entre ellos el de Srebrenica (Informe del Secretario General A/54/549) y el del Programa de Petróleo por Alimentos (Informe del Comité Independiente de Investigación, conocido también como Informe Volcker).

El camino menos transitado. No podemos vaticinar cuán profundas serán las huellas que dejaremos en el Consejo de Seguridad. Contamos con poco tiempo, pero no estamos ayunos de ideas y propuestas. Queremos ir más allá de la administración de rivalidades, y proponer medidas que salvaguarden los bienes globales y los mejores valores de nuestra identidad. Queremos alcanzar una mejor paz, una paz que sea más que la ausencia de guerra. Al igual que Robert Frost, no tememos escoger el camino menos transitado porque tenemos precisamente la certeza de que al final esto hará toda la diferencia. Con solo eso, no seremos uno más.

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