Costa Rica, Viernes 19 de octubre de 2007

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Julio Rodríguez

En Vela

Leí ayer en La Nación : “Diputados preocupados por eficiencia en gasto social”. ¡Ah, ojalá fuera verdad tanta belleza! El camino de los infiernos está empedrado de promesas incumplidas y la pobreza de los países destila proyectos cuajados en buenas intenciones y en proclamas patrióticas o ideológicas.

Basta pasar revista a no pocos gobiernos. La frase sacramental “gasto social” ha servido para todo y para todos, y migajas para los pobres. Han sido los crucifijos con que bajó Fidel Castro de la montaña o las invocaciones a Dios de Hugo Chávez implorando las bendiciones de lo alto. El número de embustes y de embusteros es infinito.

Tenemos pobres porque hemos querido tener pobres. Costa Rica debió extirpar, desde hace mucho tiempo, esta ofensa a todo sentido de lo humano. Tampoco es cierto que la causa ha sido la falta de dinero o el neoliberalismo. Diversos estudios demuestran, más allá de toda duda, que la mala gestión pública, el clientelismo político y la corrupción han sido el trinomio cruel de nuestros desvaríos sociales. El agua potable no llegó a los labios de la gente pobre. Se remansó en otros bolsillos y en otros bancos.

Ahí están, como prueba fehaciente y visible, los numerosos reportajes de La Nación , seguidos de sendos editoriales, sobre estas tres desventuras nacionales, sobre esta trilogía maldita. En este campo, cabe una responsabilidad especial a los partidos políticos por no ejercer a tiempo y a plenitud eso que llaman control político, que no debe ser un bla bla cansino y parlanchín, sino el efectivo control de la gestión pública, acompañada de sanción y destitución de los ladrones de la cosa pública, por acción y, sobre todo, por omisión.

Le tomamos la palabra a la diputada Silvia Charpentier, quien anteayer habló, con voz pujante y sincera, sobre esta tragedia social: la dilapidación de los recursos (sociales) y la urgencia de poner coto al despilfarro, a fin de que cada colón produzca el ciento por uno social. El Gobierno ha aumentado sustancialmente el gasto social. Lo proclaman el presupuesto del 2008 (un incremento del 28%) y otras decisiones en estos meses con igual criterio en algunas instituciones públicas... Es decir, las sirenas del clientelismo y de la mala gestión acariciarán los oídos de muchos en instituciones y en municipalidades.

Todos convenimos, tras el referendo pasado, en la urgencia de atacar el problema social. No se trata de hacer milagros, sino de revivir la palabra más despreciada en América Latina: la seriedad. Seamos serios.

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