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EDITORIAL |
No callar
Las proclamas de desconocimiento del sistema institucional exigen la reacción de los que deben hablar
El mensaje de ayer de la Conferencia Episcopal aporta principios y valores básicos en las circunstancias actuales
El mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, publicado ayer, es oportuno y estimulante. Hace hincapié “en las circunstancias actuales”, esto es, en los días posteriores al referendo, cuando se ha de proceder con sentido crítico, objetividad y visión de futuro; apela a la fraternidad y a la concordia e invita a trabajar con intrepidez para seguir construyendo el país, nuestra casa común.
Este documento aborda las siguientes cuestiones esenciales: el reconocimiento al pueblo de Costa Rica, protagonista del referendo; la necesidad de satisfacer las demandas sociales de los costarricenses; el significado y proyección de la Doctrina Social de la Iglesia, en orden a la promoción humana y al fortalecimiento del sistema democrático; el momento privilegiado del país, de cara a los grandes desafíos del futuro, concebidos como una oportunidad magnífica para crecer y fortalecernos; las leyes de implementación y otras medidas de equidad, en concordancia con el TLC, ya aprobado; la necesidad del diálogo ciudadano, a partir del respeto a la mayoría y a la institucionalidad del país, orientado todo a la elaboración de una agenda nacional de desarrollo y un proyecto de país que responda a los intereses de todos. El mensaje termina invocando los valores de la fe, la paz y la unidad.
Nos complace que, sobre las diferencias políticas, religiosas y de otro orden, la Conferencia Episcopal haya hablado con palabra clara y concreta en las actuales circunstancias, cuando nos enfrentamos a dos retos directos e inmediatos: la gran agenda posterior al referendo, que el Gobierno debe liderar, y la estrategia, que todavía continúa, contra el sistema democrático y político, y, concretamente, contra el TSE, la Sala Constitucional y la institucionalidad democrática.
Esta estrategia, como hemos comentado reiteradamente, ha consumido ya dos años y medio, y no termina. No conocíamos una actitud tan perversa en los últimos 50 años en nuestro país. Destacamos en este proyecto desestabilizador dos aspectos: la beligerancia de expresidentes, dirigentes políticos, profesionales y académicos que debían ser guías, y no adversarios, del pueblo de Costa Rica y de nuestras tradiciones; y la indiferencia, y ojalá no complicidad, de instituciones, dirigentes y analistas ante estos hechos.
Nada justifica esta actitud. “En las circunstancias actuales”, como reza el documento episcopal y como lo han hecho algunos partidos políticos, el pueblo tiene derecho a escuchar la posición de las universidades públicas, cuya parcialidad en este proceso ha sido objeto de duros cuestionamientos. Su naturaleza, su condición de públicas y su financiamiento, a cargo de los contribuyentes, las obliga, más que a nadie, a defender la institucionalidad democrática. Si, al principio, los consejos universitarios tomaron partido sin respetar los valores del pluralismo y sin atender los dictados de la discusión crítica, y si hasta han prestado sus instalaciones para que ciertos grupos antisistema desconozcan el referendo y lancen proclamas subversivas, el país tiene derecho a conocer la posición actual de dichos consejos universitarios.
Valga esta oportunidad, asimismo, para preguntarse, ante la manipulación ejercida por profesores y dirigentes sindicales del magisterio en estos años, qué tipo de formación cívica están recibiendo los estudiantes de primaria y secundaria de nuestro país. En cuanto a las universidades, cabe también preguntarse si, en verdad, prevalecen los principios del pluralismo, de la discusión crítica y del respeto, requisitos de la excelencia académica, en todas sus aulas. En la página del futuro del país que todavía está en blanco, a la que se refirió el presidente Arias, la noche del 7 de octubre, las universidades tienen una misión privilegiada. A ellas compete también una revisión interna para que respondan a las demandas y derechos del pueblo de Costa Rica que tanto ha hecho por ellas.
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