Costa Rica, Jueves 18 de octubre de 2007

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Daniel De La Hormaza

¿Es posible un mundo al revés?

Estudiante de Derecho

El ser humano se ha acostumbrado inconscientemente a lo que tiene, y es evidente el esfuerzo por no romper los paradigmas impuestos por esas instituciones que, por fuerza, encierran ideas caracterizadoras de mentes oprimidas por argumentosad ignorantiam .

¿Quién explica esas cosas que se imponen sin razón aparente? ¿Esclavos de un sistema? ¿Un sistema al derecho o al revés? ¿Quién puede decir qué está derecho? Nadie. Efectivamente, esclavos de un sistema, relativamente al derecho pero relativamente al revés, nadie puede afirmar un sentido perfecto de ese sistema.

Posiblemente, al reflexionar sobre estas cosas se encuentra el sentido de las revoluciones sociales, pero ese es otro error: no se puede combatir fuego con fuego, las fuerzas se anulan y el consenso nunca llega. Eso destruye las naciones y, con mayor fuerza, el nacionalismo que tanto intenta exaltar. Otra conclusión parece florecer: las revoluciones no intentan exaltar el nacionalismo por su amor a la patria, sino por su conveniencia, y la dictadura de un proletariado, incapaz de gobernar, lo hace con mayores problemas y un altruismo característico de un pueblo lleno de sentimientos de venganza.

El rojo no es buen incentivo para el desarrollo, salvo que sea el de plagas sociales como el comunismo, el socialismo o algunos diputados.

Miedo al cambio. Todos los problemas, las plagas y las opresiones sociales causadas son culpa intrínseca de un absurdo pero comprensible miedo al cambio. La falta de costumbre, práctica y disposición surgen de actitudes ridículas que intentan conservar un sistema derecho, pero con matices de irracionalidad en un sentido estrictamente lógico.

De nuevo, es evidente la conclusión: sociedad con miedo es igual a opresión; sociedad revolucionaria se traduce en desarrollo de plagas; y sociedad con plagas es directamente proporcional a una división peligrosa. Entonces, debe haber cambio, debe acabar el miedo, pero la revolución de color rojo nunca debe empezar.

Tras analizar los argumentos anteriores, cualquiera diría que efectivamente hay que dar vuelta al sistema, vencer el miedo al cambio y asegurar una sociedad más prospera. Parece difícil hallar la llave de la salida de la caverna: ¿es posible pensar a la inversa? Sí, lo es, pero no se trata de sustituir diestros por zurdos (amplio sentido), ambientes lúdicos por fríos cristales de indiferencia, o suaves cantos de alondra por rígidos gestos mitológicos. La solución es humanizar la tecnología, pero no cambiarla sin mejoras y amplitud; emblandecer corazones, pero no sin darles fuerza y coraje para luchar; es, finalmente, aceptar y olvidar derrotas, pero cambiarlas por esperanza y buenos deseos para la mayoría.

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