Momento privilegiado para Costa Rica
MONS. JOSÉ FRANCISCO ULLOAROJASObispo diocesano de CartagoPresidente de la Conferencia Episcopal
Mons. Hugo Barrantes Ureña
Arzobispo Metropolitano de San José
Mons. Guillermo Loría Garita
Obispo diocesano de San Isidro de El General
Mons. Óscar Fernández Guillén
Obispo diocesano de PuntarenasSecretario General
MONS. ÁNGEL SANCASIMIROFERNÁNDEZObispo diocesano de Alajuela
Mons. José Rafael Quirós Quirós
Obispo Diocesano de Limón.
Mons. Vittorino Girardi Stellin
Obispo Diocesano de Tilarán
Los Obispos, en cumplimiento de nuestra misión pastoral, procuramos iluminar éticamente, con la luz del Evangelio y el Magisterio Social de la Iglesia, el proceso del referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos (TLC), que culminara con la participación ciudadana mediante el voto libre y responsable, el pasado domingo 7 de octubre del 2007. Igual tarea queremos asumir en estas circunstancias.
Especial reconocimiento. El pueblo costarricense dio, una vez más, muestras de su confianza en los procesos democráticos y de su voluntad de resolver sus diferencias y conflictos por la vía pacífica. Muchos ciudadanos y ciudadanas se involucraron en este proceso y se pusieron al servicio de una causa que consideraron noble. Esta entrega y dedicación perfilan una nueva forma de expresar el sentido patriótico y de servicio social a la comunidad de la que forman parte. A la vez, la ferviente participación ciudadana y patriótica del pueblo costarricense merece nuestro sincero reconocimiento y felicitación.
Un pueblo con altas aspiraciones. La expresión entusiasta de la ciudadanía en este primer referéndum de nuestra historia democrática debe interpretarse como un clamor del pueblo que aspira a alcanzar metas de contenido ético: una nueva manera de hacer política y de conducir la economía, un nuevo modelo de desarrollo y, en definitiva, la construcción solidaria de un proyecto de país.
Innumerables personas vieron a lo largo de la discusión y debate sobre el TLC, y en la celebración del referéndum, la oportunidad para dar un giro al rumbo de desarrollo de Costa Rica hacia una forma de convivencia más inclusiva, más equitativa, más justa y más solidaria.
Si bien el TLC fue aprobado por un poco más de la mitad de los electores (51,6%), apenas un poco menos de la mitad se pronunció en contra (48,4%). No podemos despreocuparnos de un estimable sector del electorado que se expresa por la vía de la abstención, que alcanza alrededor del 40% de los inscritos en el padrón que se abstuvieron de participar.
Deben existir, pues, temas muy serios y de fondo para que los ánimos y voluntades del pueblo se concentraran de manera tan firme en direcciones tan diversas hasta el final.
A la luz del Magisterio de la Iglesia. La Iglesia, consciente de que su tarea esencial es la evangelización y que incluye la opción preferencial por los pobres, el desarrollo humano integral y la auténtica liberación humana, nos recuerda el Documento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Cf. DA 146). Queremos asumir con nueva fuerza esta opción “sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad” (DA 399). Es justo en esta dimensión en la que todos los que pertenecemos a la Iglesia y todos los ciudadanos y ciudadanas de buena voluntad debemos unirnos, más allá de otras diferencias.
La verdadera promoción humana “debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (Pablo VI, PP15).
Teniendo claro este principio, sostenemos que con la aplicación del Tratado de Libre Comercio no debe haber ganadores y perdedores. Si, por limitaciones del instrumento jurídico-económico negociado, los beneficios del mismo se van a repartir de manera desigual, tenemos la obligación moral, pueblo y Gobierno, no simplemente de mitigar o compensar a los afectados, sino de realizar los cambios necesarios para revertir los mecanismos generadores de desigualdad que se encuentran dentro de la misma dinámica de la economía.
No podemos olvidar que, “conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y riqueza en manos de pocos...” (DA62). Por ello, debemos promover una economía diferente, marcada por la solidaridad, la justicia y el respeto a los derechos humanos (Cf. DA64).
Para el cumplimiento de estos principios, hacemos un vehemente llamado, a la luz del Documento de Aparecida, a nuestros laicos, con el fin de que, desde su condición de discípulos de Jesucristo, impulsen su preparación y compromiso para intervenir en los asuntos sociales (DA400). Al mismo tiempo, hacemos nuestra la incitativa de Aparecida para incidir en la acción de los Estados para la aprobación de políticas sociales y económicas que respondan a las necesidades de la población y que conduzcan hacia un desarrollo sostenible; para hacer una permanente lectura cristiana y una aproximación pastoral a la realidad de nuestro Continente (DA403). De esta manera, tendremos “elementos concretos para exigir que aquellos que tienen la responsabilidad de diseñar y aprobar las políticas que afectan a nuestros pueblos, lo hagan desde una perspectiva ética, solidaria y auténticamente humanista (DA395).
Momento privilegiado. Este es, sin duda, un momento privilegiado para nuestra nación y lo vemos con mucha esperanza, por cuanto, con palabras del doctor Óscar Arias, Presidente de la República, en su discurso al conocerse los resultados del referéndum, “la página del futuro del país todavía está en blanco”. Tenemos pues, la gran oportunidad de escribir esta página entre todos y ennoblecer, una vez más, nuestra historia.
Y ahora nos preguntamos: ¿qué es lo que sigue? Queremos responder, como lo hemos hecho siempre, desde el punto de vista ético.
Leyes de implementación y otras medidas de equidad. En el plazo inmediato, un primer reto para nuestro país se plantea con las leyes de implementación del Tratado de Libre Comercio (DR-CAPTA). Un doble criterio ético para su discusión debe ser, por una parte, la exclusión de cualquier medida que afecte el respeto a derechos fundamentales como el derecho a la vida, a una existencia digna, a las prácticas tradicionales de producción y comercio solidarios. Por otra, la justa exigencia de que vayan acompañadas de otras medidas que beneficien a quienes se encuentran en situación de mayor debilidad ante el impacto de la nueva legislación.
Diálogo ciudadano. Hacemos un llamado respetuoso a todos los sectores, instancias y personas involucrados en el reciente proceso de referéndum para que, desde el amor patrio que les anima, promuevan el respeto a la voluntad de la mayoría y a la institucionalidad del país.
Debemos empeñarnos todos en un diálogo ciudadano para elaborar una Agenda Nacional de Desarrollo y un proyecto de país que responda a los intereses de todos. Si bien este proyecto es de largo alcance y no puede realizarse de inmediato, sí debe desde ya establecerse un calendario para realizar actividades conducentes a crear las condiciones que permitan iniciar dicho diálogo con amplia participación ciudadana, a la brevedad posible.
Este planteamiento responde a las aspiraciones de esos amplios sectores expresadas en el proceso del referéndum y está conforme con el llamado del Documento de Aparecida de “apoyar la participación de la sociedad civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política” (DA406), y de perfeccionar “una democracia puramente formal, fundada en la limpieza de los procedimientos electorales”, para avanzar hacia “una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de los derechos humanos” (DA74).
Conclusión. Confiando plenamente en las consoladoras palabras del Señor: “ No tengan miedo, yo he vencido al mundo ” (Jn.16,33), ponemos también el futuro de nuestra querida Patria en las manos amorosas de la Santísima Virgen María, Reina de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, Ella ha marcado la historia de unidad y paz de nuestro país, y que Ella interceda para que continuemos caminando como hermanos.
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