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Freddy Pacheco |
El desaleteo de tiburones
Campañas de denuncia y medidas poco eficientes no han servido para acabar con el problema
Catedrático, UNA
Tras prohibirse en el archipiélago de las Bahamas la exportación de partes de tiburón, sus 700 islas y cayos se convirtieron en un santuario que atrae a miles de turistas ávidos de ver en su hábitat natural a más de 40 especies. Tiburones ballena, martillo, limones, tigre y toro nadan dócilmente al lado de buzos que admiran su enigmática belleza y su comportamiento amistoso.
Después de varios años de enfrentar a los comerciantes de aletas, mandíbulas, cartílagos y otras partes, las autoridades no solo se percataron del desprestigio internacional que conllevaba la cruel e inhumana práctica del desaleteo en sus aguas, sino también de la riqueza natural intrínseca a la observación de tiburones en su ambiente. Se estima que un solo ejemplar, durante su vida, representa unos $200.000 en ingresos por turismo, mientras se mantiene intacto su invaluable valor ecológico. Se alimentan de los peces más débiles e incluso enfermos, seleccionando así los más aptos para reproducirse, y también compiten exitosamente con otros carnívoros que, en su ausencia, podrían hacer caer a niveles irreversibles poblaciones de peces que mantienen en equilibrio los valiosos ecosistemas coralinos.
Paz con la naturaleza. Aunque desde hace 15 años denunciamos el desaleteo que se realizaba entonces en aguas de la isla del Coco, la práctica sigue dándose en Costa Rica.
Costosas campañas de denuncia, acompañadas de medidas poco eficientes, no han servido para acabar con lo que algunos llaman el “aleteo”, y con las cuales se ha pretendido supuestamente controlar el desembarque de tiburones a lo largo de los más de mil kilómetros de nuestra costa del Pacífico, una tarea obviamente imposible e indudablemente muy onerosa.
Por ello, a partir del ejemplo que nos han dado las autoridades de Bahamas, reiteramos la propuesta de ejecutar en nuestro país una medida similar, o sea, prohibir la exportación de partes de tiburón.
Esa es una medida fácilmente controlable y acorde con la relanzada “Paz con la Naturaleza” que sería anunciada en el marco de la ONU en el mes de diciembre de este año, y que, hasta ahora, tiene poco que ofrecerle al mundo.
Matanza de 73 millones. De acogerse nuestra propuesta, Costa Rica podría ampliarla al resto de los países del istmo para promover en conjunto el control de la matanza que afecta a unos 73 millones de tiburones cruelmente capturados alrededor del mundo, solo por sus valiosas aletas.
A nadie se le ocurriría exportar tiburones enteros, de poco valor, gran peso y tamaño, para aprovechar solamente las valiosas aletas con un valor de más de $660 el kilo. Esperamos una respuesta adecuada del Gobierno, así como el apoyo y sugerencias de los ambientalistas que genuinamente se preocupan de esta situación, independientemente de los que parecen haber hecho de estas “actividades” conservacionistas su modus vivendi, para los cuales lo conveniente es seguir con las campañas ya conocidas.
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