Costa Rica, Miércoles 17 de octubre de 2007

/OPINIÓN

Estadísticas Resultados Posiciones Calendario Jugadores

EDITORIAL

Vigilancia democrática

 Hugo Chávez se ha valido de la democracia para desnaturalizarla y construir un poder personalísimo

 El desprecio de la institucionalidad democrática es una de las grandes amenazas para América Latina

Los partidos o grupos de oposición a los Gobiernos de Argentina, Ecuador, Nicaragua y, en particular, de Bolivia se quejan del uso de los elevados ingresos petroleros de Venezuela para intervenir en la política interna de dichos países. La política interna y exterior de Venezuela se mantiene así con los inmensos beneficios del capitalismo y de la economía de mercado, tan maldecido por Hugo Chávez, para construir su particular concepción del socialismo del siglo XXI y contrarrestar la influencia de EE. UU. en América Latina y, según sus pretensiones, en el mundo.

Corresponde a cada uno de los países citados debatir sobre la profundidad de este intervencionismo capitalista en la política interna. Sin menospreciar este aspecto, la reflexión sobre esta peculiar visión del mundo y de su propio país, de Hugo Chávez, debe encaminarse a la cuestión de fondo: la conversión del orden democrático en instrumento de la desnaturalización de la democracia, mediante la erección de un poder personalísimo sin control ni rendición de cuentas ante nadie. Toda la logomaquia chavista, su frenesí y activismo, su protagonismo internacional, su prodigalidad e inmensa dilapidación de los recursos públicos, propiedad del pueblo venezolano, y hasta su oficio de médico de cabecera de Fidel Castro y, al parecer, su garantía de inmortalidad, tienen como causa final y única su propia persona.

Los signos son inequívocos y las consecuencias, desastrosas, por cuanto todo el edificio se levanta sobre una primera y única piedra: el precio del petróleo. La historia no recuerda una conjunción igual de recursos, de egolatría y de concentración de poder, todo so color de democracia. Entre estos signos sobresalen la ausencia de institucionalidad, el predominio de una sola voz, pues Hugo Chávez llena todos los espacios y se ha apropiado de todas las palabras en una corte donde todos callan y se inclinan ante él y sus excesos. El Estado de derecho ha desaparecido y el gobierno de las leyes se ha sustituido por el gobierno de una sola persona. Las reformas de la Constitución Política no se han pensado, debatido o puesto en vigencia para agilizar el aparato del Estado, en el marco de la ley, o para fortalecer los derechos humanos, sino para reforzar aún más el poder personal.

En todos los países democráticos la cooperación internacional se rige por la ley y por el procedimiento técnico, sometidos ambos a control. En Venezuela una sola persona reparte sumas ingentes a diestro y siniestro, sin limitación alguna, sin dar cuenta a nadie, y sus decisiones ni siquiera obedecen a una reflexión personal seria, sino a meras ocurrencias, al conjuro de su interés particular. Si el derroche ha abierto todas las compuertas, sin respeto a los derechos e intereses del pueblo venezolano, no se requieren pruebas empíricas para suponer la magnitud de la corrupción imperante en ese país. El silencio, el miedo y la sumisión suelen pagarse con creces. Si el propio sistema democrático, regido por leyes y controles, es vulnerable a la corrupción, lo que está ocurriendo en Venezuela sobrepasa toda medida.

Lamentablemente, esta corrupción de prácticas y de conceptos democráticos ha inficionado a diversos Gobiernos, partidos políticos y sectores sociales en América Latina. De aquí, la urgencia de defender a toda costa, en nuestros países, el más firme bastión del sistema democrático: la institucionalidad democrática y el Estado de derecho. La defensa de este patrimonio moral, político y legal merece cualquier sacrificio. Mal han hecho, por ello, aquellos costarricenses que, en estos años, se han dedicado a desacreditar nuestras instituciones públicas y nuestra democracia. El daño causado en las mentes de los jóvenes y en los sectores más pobres del país no honra su paso por la política. También esto es corrupción.

ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA
JULIO RODRÍGUEZ
EN GUARDIA
JORGE GUARDIA
AL GRANO
EDGAR ESPINOZA
OJO CRÍTICO
RODOLFO CERDAS
ENFOQUE
JORGE VARGAS
POLÍGONO
FERNANDO DURÁN
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Fax Horóscopo Cartelera de cine
| GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | TARIFARIO DE LA NACIÓN | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS