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Jorge Guardia |
En Guardia
Economista
Conocí a Elizabeth Fonseca en París, en los años mozos, cuando estudiar y vivir intensamente eran el pan de cada día. Fue con Rosa Vargas (amiga del alma) una noche de vino y ronda, en el Cartier Latin. Lejos estábamos de pensar que un día sería figura nacional y jugaría un papel esencial posreferendo.
Siempre se inclinaba al NO (así respondía a las picardías), pero nunca antepuso las diferencias ni la ideología a la amistad. Sabía amalgamarlas. En Costa Rica, la perdí por muchos años, pero supe que se entregó por entero a la docencia e investigación, recibió varios galardones y el Premio Nacional de Historia. Después, la jubilación la hizo incursionar en el ingrávido mundo de la política. Y ahí volvimos a encontrarnos. El primer domingo de febrero del 2006 nos topamos de frente en el atrio de la catedral. Mi camisa libertaria palideció ante el rojiamarillo encendido de su vestido. Al verme, me abrazó cálidamente y me deseó suerte. Fue un gesto muy lindo: la amistad por encima de los colores
Elizabeth no ha sido una diputada beligerante ni bochinchera. Es, más bien, calmada pero efectiva. Eso le ganó el respeto de sus compañeros y la reelección como jefa de fracción. Pero su mejor actuación la alcanzó el martes pasado al liderar la delegación del PAC a Casa Presidencial. Con la misma ecuanimidad y firmeza declaró sin rodeos no estar dispuesta a obstaculizar maliciosamente la tramitación de los proyectos de la agenda paralela, ni impedir que el TLC entre en vigor. ¡Bravo! Es la posición más sensata después del referendo.
En este momento crucial en que algunos cabezas calientes, dentro y fuera de su partido, claman por ignorar el veredicto y torpedear las leyes complementarias, sus palabras son reconfortantes. No le podemos pedir más. Es comprensible que ni ella ni su partido, opuestos al TLC por razones de fondo, deseen votar afirmativamente. Si lo hicieran, se suicidarían políticamente. Pero también se suicidarían si, con triquiñuelas, pospusieran su tramitación al punto de hacer nugatorio el referendo. Es válido proponer mociones para mejorar los proyectos, pero sin entorpecerlos. El pueblo habló. Y debe ser escuchado.
También hace bien al defender la agenda compensatoria para mitigar los efectos del TLC. No voy a examinar el contenido de esa agenda (estoy seguro de hallar cosas buenas y malas), pero creo que la intención es pura: compensar a perdedores y campesinos por la apertura. Yo le sugeriría, además, contemplar la agenda de competitividad propuesta por otros sectores, para complementar su noble gesto. Gracias, Elizabeth, por tu linda amistad. Y gracias por servir a la patria con entereza y dignidad.
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