Costa Rica, Martes 16 de octubre de 2007

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Óscar Álvarez A.

El populismo del siglo XXI

 La democracia auténtica es también ejercicio democrático del poder

Escritor y politólogo

El teniente coronel venezolano Hugo Chávez se inició en la vida pública en 1992, al organizar un fallido “golpe de Estado” contra el presidente constitucional de Venezuela, el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez.

Después cambió sus métodos de hacer política y empezó a luchar por el poder del Estado dentro de la vía electoral democrática, hasta obtener la victoria y, desde 1999, es el presidente de Venezuela y se ha reelegido en dos oportunidades.

El 4 de diciembre del 2005, Chávez ganó el control total del Parlamento con el triunfo de su partido y de otras fuerzas políticas aliadas en una contienda en que los partidos de oposición se abstuvieron de participar por las escasas garantías que percibían para la realización de un proceso electoral libre, justo y transparente.

El 3 de diciembre del 2006, Chávez logró su segunda reelección consecutiva después de derrotar al socialdemócrata Manuel Rosales, candidato de la oposición unificada. En medio de la victoria, el mandatario venezolano anunció el inicio de una nueva etapa en la construcción de su socialismo venezolano del siglo XXI, que, según sus palabras, se inspira en las ideas de Marx, Lenín, Jesús y Bolívar.

Reelección indefinida. Como signos vitales de esa nueva etapa Chávez inició un proceso de unificación de los 23 partidos políticos que apoyan su Revolución Bolivariana en un solo gran Partido Socialista Unido de Venezuela. Ese habrá de ser el partido hegemónico y gobernante en un esquema de poder en el que Chávez aspira a una reforma constitucional que establecerá la “reelección presidencial indefinida”.

Así también, anticipó y luego concretó nacionalizaciones o estatizaciones en diferentes sectores, como el petrolero, el de electricidad y el de telecomunicaciones.

Tiempo después, el militar gobernante no le renovó la licencia a Radio Caracas Televisión, la más antigua y popular empresa de televisión del país, debido a que, según su criterio, tenía orientación “golpista”. Posteriormente amenazó con “nacionalizaciones” a los supermercados que, desde su punto de vista, simularan “desabastecimiento”. Últimamente amenaza con estatizar la banca privada.

Y como parte de este ciclo introductorio al socialismo venezolano del siglo XXI, llegó la decisión unánime del Parlamento “bolivariano” de otorgarle al mandatario la función de hacer leyes durante 18 meses en una lista de temas que incluyen casi todas las materias esenciales de la vida de un Estado moderno.

Las tendencias son claras. Un presidente militar con antecedentes golpistas asumiendo el control total de los poderes del Estado, especialmente el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y el Local, así como la industria petrolera que provee de más del 80% de las exportaciones del país y, al mismo tiempo, construyendo un partido del Estado, unificado y hegemónico, para ejercer el poder indefinidamente en la república sudamericana. Simultáneamente, se inicia la estatización de los servicios estratégicos y de medios de comunicación, así como la construcción por decreto de un nuevo orden legal socialista bajo el mando del presidente Chávez.

Pero, más allá de los encendidos discursos “bolivarianos”, estamos ante un claro fenómeno de concentración de poder político y económico y ante una nítida amenaza a la alternabilidad en el poder y al funcionamiento normal de la democracia representativa. Utilizando con gran habilidad su verbo incendiario y los mecanismos de la democracia electoral, Chávez ganó el control de los poderes del Estado y ahora está instaurando desde arriba un sistema autoritario de Estado-partido en nombre del pueblo.

El que ascendió democráticamente al ejercicio del poder ahora lo ejerce antidemocráticamente, experiencia amarga que viene a recordarnos que la democracia auténtica significa mucho más que elecciones democráticas; es también ejercicio democrático del poder.

El intelectual venezolano de izquierda Teodoro Petkoff, en su artículo “¡Heil, Hugo!”, ha escrito que el ascenso de Chávez al poder se parece al de Adolfo Hitler, quien primero ganó limpiamente las elecciones alemanas en 1933 y posteriormente recibió de su Parlamento las facultades para legislar por decreto hasta la fecha de su suicidio en 1945.

Buen discípulo. En su ascenso al poder y en su habilidad para concentrar paulatinamente el poder político y económico promoviendo causas aparentemente nacionalistas y populares, Chávez ha sido un buen discípulo de Nicolás Maquiavelo. Sin embargo, a diferencia del autor de El Príncipe , su ambición de poder no tiene límites nacionales, pues sintiéndose como un Bolívar del siglo XXI, está llevando su causa hasta otros países vecinos. O sea, su mesianismo tiene dimensión internacional.

Su Grupo Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), en contraposición al ALCA, está integrado ya oficialmente por Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Su “diplomacia energética” ha llegado a ser muy influyente en el continente americano.

El populismo del siglo XXI de Chávez es una causa que trasciende los límites del territorio venezolano y se proyecta internacionalmente, sobre todo en Latinoamérica, como un modelo alternativo a las democracias representativas.

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