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Mario Mondol García |
La patria grande
Vicisitudes del proceso de desarrollo e integración centroamericana
Historiador
“A lo largo y ancho de América Latina, continente rico en recursos y en logros espirituales y culturales de sus pueblos, millones de hombres y mujeres sufren la diaria degradación de la pobreza y el hambre. Ellos carecen de viviendas decentes o protección contra las enfermedades”, dijo el entonces presidente John F. Kennedy ante el cuerpo diplomático latinoamericano y una representación bipartita del Congreso de Estados Unidos, al dar inicio a la Alianza para el Progreso, en una recepción en la Casa Blanca, el 13 de marzo de 1961.
El plan incorporó ideas y sugerencias del expresidente José Figueres y de otras personalidades latinoamericanas.
La Alianza para el Progreso nació con el propósito de “marcar el inicio de una nueva era en la experiencia americana”.
Por otra parte, estas eran algunas de sus metas: “Los estándares de vida de cada familia americana crecerán, todos tendrán acceso a educación básica, el hambre será una experiencia olvidada... cada República americana será ama y señora de su propia revolución, progreso y esperanza”.
Efímero esfuerzo. Una de las razones principales de que este programa de desarrollo democrático fuera efímero se debió a los problemas que encontró en el Congreso de Estados Unidos, que rechazó el planteamiento inicial de la Casa Blanca, pues suponía $3.000 millones para financiar los primeros 3 años de la Alianza, y a otras restricciones y limitaciones en el uso de los fondos asignados.
Es decir, congresistas estadounidenses no dieron el apoyo suficiente para el éxito de la Alianza para el Progreso.
Recientemente, un grupo importante de congresistas estadounidenses se ha venido oponiendo a la firma de tratados de libre comercio con otros países o regiones, aduciendo la protección de los empleos para los trabajadores en Estados Unidos, y poniendo en peligro la estabilidad y expansión de los empleos en Centroamérica, el crecimiento de nuestras exportaciones y el desarrollo económico de nuestros países. Sin embargo, hasta el momento, las posiciones proteccionistas han sido rechazadas por mayoría de votos en el Congreso.
Por otra parte, es pertinente recordar que, después de la violencia de la década de 1980, de los acuerdos de Estipulas y Antigua, Centroamérica vive un proceso de integración cuyos protagonistas son los respectivos presidentes. Además, como marco jurídico, el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que nace con la aprobación del Protocolo de Tegucigalpa, el 13 de diciembre de 1991, y empezó a funcionar el 1° de febrero de 1993, rige en cuatro de los países de Centroamérica y está a la espera de la ratificación legislativa de Costa Rica.
Ese proceso tiene como fines primordiales convertir a Centroamérica en región de paz, libertad, democracia y desarrollo, mediante la integración económica, social, cultural y política.
Actitud mental. Para tan altas metas, se hacen necesarios una nueva mentalidad y un comportamiento que supere ciertas actitudes basadas en errores conceptuales, en egoísmos nacionalistas y celos personales que afecten el interés regional y el proceso de integración, y que deben estar sustentados en el respeto y la solidaridad centroamericana.
La inserción de Centroamérica como orden subregional en las relaciones internacionales, por su naturaleza sistémica, la vincula con los grandes sistemas regionales y mundiales como la ONU, la UE, mediante la cooperación y por medio de esfuerzos y acciones comunes, orientados al desarrollo integral de los centroamericanos.
Don Abelardo Bonilla, gran humanista costarricense, en su ensayo En los Caminos de la Unidad Centroamericana nos dice: “Nos preguntamos ahora si existe una idea histórica y actual de Centro América, sobre la cual sea posible operar. La respuesta es sin duda afirmativa. La época colonial, independiente y federal, y otras circunstancias, revelan una posible unidad de destinos y justifican las doctrinas unionistas que, en forma precaria pero tenaz, se han mantenido hasta el momento. Y la empresa de la integración, con todos sus defectos, nos demuestra la vitalidad y el dinamismo de esa idea”.
Centroamérica demanda de todos sus ciudadanos, y en especial de sus líderes políticos, un esfuerzo claro, firme y permanente en torno a la unidad y la solidaridad entre los centroamericanos, eliminando la xenofobia y las divisiones entre los hijos de la patria grande.
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