PRIMERA FILA
Por qué nos gusta el futbol
Periodista
La señora Matilde Garvich es una excelente sicóloga argentina, experta en el tema del niño interior.
Gracias a su generosidad, hace algún tiempo pude participar en uno de sus talleres, con la gran suerte que me tocó ser el único varón en un grupo de muchachas guapísimas.
En una sala especial de su casa, doña Matilde, autora de varios libros sobre el niño interior, organiza sus sesiones de motivación e introspección espiritual.
Estas reuniones se realizan con los participantes descalzos, razón por la que cada miércoles (el día de las sesiones), yo tenía el cuidado de no encaramarme alguna media con hueco.
Por muchos pares de medias que uno tenga, siempre hay alguna sin remendar, ¿verdad? Y en esas carreras de las mañanas, mientras uno se baña, se seca, se viste y toma café, todo al mismo tiempo, ¡zas!, va y se la pone.
Pues bien, de los ejercicios, la dinámica del abrazo universal era realmente gratificante.
Esta consistía en que al finalizar cada sesión, las chicas y yo nos tomábamos de la mano y nos íbamos cerrando en un círculo, hasta que nos enlazábamos en un ritual lleno de calidez (¡y yo entre todas las mujeres!).
En una de esas oportunidades, al profundizar en las vivencias, afectos y ausencias de mi tierna infancia, entre otros hallazgos espirituales que experimenté, conseguí visualizar por qué me agrada tanto el futbol.
Ancestral. Sencillamente, el futbol me (nos) encanta por una razón primaria. Por el inefable disfrute que desde que uno es un niño experimenta al correr detrás de una bola, sin duda, el juguete por antonomasia.
Yo soy de los fiebres que, como escribió Eduardo Galeano en su libro El futbol a sol y sombra , luego de un buen encuentro queda “con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor... y al final del partido”.
El microcosmos de una esfera trasciende hasta el tamaño del globo terráqueo. Así lo observé dibujado en una caricatura, en la que Dios se extrañaba por los gajos tan raros que le habían salido al planeta, mientras se jugaba el campeonato mundial.
Por eso el futbol nos apasiona, porque nos remite al principio. Apenas el ser humano deja de gatear, continúa con el lúdico correr tras un balón saltarín.
De la calle al potrero, de este a la gramilla de los estadios. Y así por siempre. Desde el origen, hasta el sol de hoy.
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