Costa Rica, Sábado 6 de octubre de 2007

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Enrique Vargas Soto | endama@racsa.co.cr

Votar para bien de todos

 Costa Rica no puede seguir nutriéndose de negativismo

Abogado

Los costarricenses tenemos la tendencia de no buscar solución a los problemas; les buscamos defectos, muchas veces aumentados, y hacemos consultas y estudios para posponerlos y dejarlos a los demás, sobre todo si se trata de asuntos públicos importantes. Tal es el caso del TLC. Aún no hemos aprendido a tomar decisiones donde primen el orden de la inteligencia y la consecución del bien común o colectivo. Pero es un engaño no comprometer las decisiones, como lo es tanto estudio, tanta consulta, tanta posposición, y, al final, una bola de nieve agigantada por la crítica. Porque la crítica excesiva engendra confusión y desconfianza, temor y “no solución”, divisiones, endurecimiento de los juicios, rompimiento de la convivencia, intolerancia y tantas cosas más.

En definitiva, posposición de la toma de decisiones, miedo a la innovación y al avance, ley del menor esfuerzo, apegarse a la rutina, sentirse condenado al engaño por los promotores del Tratado, por aquello de manejarlo el Estado, y este puede engañarnos, de lo cual son corresponsables algunos políticos del pasado… En fin, opina el costarricense medio, que el TLC lo resuelvan otros, aunque sean quienes más griten en la calle. Mas no puede seguirse ese descamino, refugiándose en el acomodaticio hueco de la psicología del vencido o del indiferentismo. Se impone romper esa mentalidad y reemplazarla por la buena voluntad y la fortaleza de tomar decisiones positivas. El país se debe a todos y todo cuanto pase en él me interesa y me concierne. Costa Rica no puede seguir nutriéndose de tanto negativismo.

Vietnam enseña. Un estimulante ejemplo lo tenemos en Vietnam, que, después de ostentar un régimen comunista, se ha abierto a la globalización y “tiene suscritos casi 50 tratados, convenios o acuerdos bilaterales y multilaterales” y su nivel de pobreza pasó “del 58% en 1993 al 27,5% en el 2006” (Vladimir de la Cruz, “Vietnam heroico”, La Nación, 23/9/07).

Tenemos que crear un país de oportunidades y actuar con fortaleza para darnos esas oportunidades y no actuar movidos por un “desordenado apasionamiento”. Por eso el referendo del 7 de octubre demanda un cambio de mentalidad: hacer uso del derecho al voto, actuar por encima de ciertas obsesiones políticas y volar como las águilas, alto y contra el sol, contra las adversidades y el pesimismo. Es mejor mirar lo que se gana y une, lo que promete, lo que amplía las posibilidades de desarrollo y bienestar y lo que es perfectible, mejorable, como lo prevén las leyes complementarias.

Costa Rica espera dar un paso adelante y soltar las amarras de las ideologías, de las ideas fijas, del miedo al cambio, y buscar el remozamiento de una economía y un progreso con ética y justicia. Esto es posible mediante una nueva normativa legal y una mayor solidaridad social, para lo que ya existen las bases en el país: cooperativismo, solidarismo, seguridad social, educación.

Valen igual. La otra vez me decía un mensajero que él no votaba porque su voto no valía nada frente al voto de un rico. Precisamente valen igual, le dije. (También a mí me aclararon dudas). Por lo mismo, es indispensable no poner excusas, vencer al hombre viejo que llevamos dentro y hacer lo que tenemos que hacer: votar afirmativamente.

A los partidarios del NO les preocupa sobremanera la resolución de algún conflicto de una empresa estadounidense mediante un arbitraje norteamericano. Pero ¿quién se imagina una empresa de EE. UU. o costarricense, con sede en Nicaragua, sometida a árbitros sandinistas? Por más imparcialidad jurídica que se garantice en estos países centroamericanos y en República Domini- cana, históricamente débiles y erráticos en sus sistemas de derecho y político, ¿cuál empresario se correría el riesgo de someterse a tribunales arbitrales de estas naciones? Y ¿cuál empresario del NO lo haría? El capital busca protección y seguridad. Es parte del atractivo para invertir.

Necesidades comunes. México, de 1998 al 2006, recibió una inversión de $200.000 millones, y apenas pagó cerca de $22 millones por vía del arbitraje. Costa Rica es respetuosa del ordenamiento jurídico, lo que se traduce en seguridad para la empresa. Y como don Ottón Solís afirmó por televisión que el Tratado es bueno para Nicaragua, pero no para Costa Rica, está reconociendo que también es bueno para nosotros, puesto que las necesidades de ambos países son comunes. Además, el Tratado es el mismo para las seis naciones. Tampoco podría decirse que, precisamente por ser mayores y urgentes los problemas de Nicaragua, el TLC sí es bueno para ellos, porque los nicaragüenses hubieran requerido uno especial. Sin embargo, aprobaron el común.

¿Por qué los países centroamericanos y República Dominicana, con el “visto bueno” de Cuba y Venezuela, aprobaron el TLC y Costa Rica no debe aprobarlo? ¡Viva la culpable!: la fuerza de nuestra democracia, que resuelve las cosas hasta por un voto.

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