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Ricardo Monge González | rmonge@caatec.org |
Sin TLC perdemos
No basta con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe
Ricardo Monge González Director Ejecutivo Comisión Asesora en Alta Tecnología
En el debate sobre el TLC se ha argumentado que, de no aprobarse este tratado, los costarricenses no perderemos nada, ya que continuaremos gozando de los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), que permite que una gran mayoría de nuestros productos de exportación entren libres de aranceles al mercado de Estados Unidos.
Vamos a mostrar que, aun si se mantiene la ICC, los costarricenses sí perdemos de no aprobarse el TLC.
Oportunidades perdidas. La ICC es una iniciativa que solo exonera de impuestos arancelarios a una parte muy importante de nuestras exportaciones, pero no a todas, como tampoco evita que algunas de nuestras exportaciones tengan que enfrentar barreras de tipo no arancelario, tales como tarifas estacionarias y cuotas de importación, en el mercado de EE. UU. De hecho, en un interesante estudio del IFPRI (Trade Liberalization under CAFTA: An Analisis of the Agreement with Special Referente to Agriculture and Smallholders in Central America, 2006), su autor, el doctor Samuel Morley, encuentra que, con el TLC, Costa Rica podría ampliar el libre acceso al mercado de EE. UU. a más de 100 productos de exportación que, pese a la ICC, enfrentan ahora barreras arancelarias y no arancelarias en ese mercado. Entre estos productos están algunas frutas y concentrados de frutas, productos del mar enlatados y algunos aceites.
Eso implica que de no aprobarse el TLC y aunque EE. UU. nos mantenga los beneficios de la ICC, los costarricenses sí perderemos importantes oportunidades para ampliar nuestras actuales líneas de exportación, generar nuevas fuentes de empleo y combatir así la pobreza.
Desestímulo a las exportaciones. La existencia de protección a ciertas actividades productivas en Costa Rica, mediante impuestos a las importaciones, crea un desestímulo al esfuerzo exportador de las empresas nacionales, toda vez que tal protección encarece la mano de obra, al encarecer el costo de vida en el país. Hace unos años estimé, junto a otro colega, que por cada punto porcentual de impuesto a las importaciones, dos terceras partes se convierten en un impuesto implícito al esfuerzo exportador nacional (Política Comercial, Exportaciones y Bienestar en Costa Rica, 1994). De nuevo, si no aprobamos el TLC, aunque nos mantengan los beneficios de la ICC, nuestros exportadores seguirán teniendo que soportar este aumento en sus costos de producción, para proteger de la competencia internacional a un pequeño grupo de productores nacionales que, dicho sea, no son pequeños agricultores sino grandes empresas, como en el caso del arroz.
Penalización a los más pobres. En otro estudio (Apertura Comercial e Inversión Extranjera, 1999), pudimos identificar que el proteccionismo mencionado se concentra en productos de la dieta básica de los costarricenses, como leche, pollo, frijoles, azúcar y arroz, que es aún más importante para los costarricenses de menores ingresos. De hecho, dicho proteccionismo significa una pérdida del 32% en el poder adquisitivo de estos costarricenses. Es decir, si elimináramos esta protección, tal y como se propone en el TLC, podríamos aumentar en un tercio el ingreso de los hogares más pobres de nuestro país, sin que el estado tuviera que desembolsar un sólo centavo para ello.
Podríamos además, aumentar la cantidad de proteínas que consume este segmento de la población y mejorar significativamente sus condiciones de vida –por ejemplo, su salud–, sin que para ello tuviéramos que construir más hospitales donde atender la desnutrición. De nuevo, si no aprobamos el TLC, aunque nos mantengan los beneficios de la ICC, nuestros compatriotas más pobres seguirán trasladando un tercio de sus escasísimos ingresos a los productores de los bienes citados, que en su mayoría pertenecen a los grupos de ingreso medio y alto del país.
Pérdida de oportunidad para todos. Una mayor apertura comercial, la cual no haremos sin el acicate de un TLC, nos brindará un mayor nivel de bienestar al permitirnos tener acceso a nuevos productos y servicios. Una situación que no se dará sin TLC, aunque se nos mantengan los beneficios de la ICC.
Como si todo lo anterior fuese poco, no veo cómo un inversionista nacional o extranjero va a invertir sus recursos en el país, aunque se mantengan los beneficios de la ICC, toda vez que las reglas de juego de esta iniciativa son inciertas (dependen de la voluntad del poder ejecutivo de EE. UU.). Tal incertidumbre constituye el peor desincentivo para atraer nuevas inversiones hacia nuestro país, ya que en el resto de la región tal incertidumbre no existe gracias a la ratificación del TLC. Por todas las razones anteriormente expuestas, creo que los costarricenses debemos aprobar el TLC este 7 de octubre.
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