Costa Rica, Jueves 4 de octubre de 2007

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EDITORIAL

Por qué decimos SÍ

 Rechazar el TLC implicará un salto al vacío y un serio retroceso

 Aprobarlo mejorará sólidamente nuestras opciones de desarrollo

Porque queremos un país democrático, justo, próspero, integrado al mundo, con mejores oportunidades y mayores recursos para mejorar en educación, salud y otros ámbitos sociales, nos dirigimos a ustedes, lectoras y lectores, con un claro pedido: decir SÍ en el referendo del próximo domingo.

Nunca La Nación ha instado a votar en algún sentido durante los procesos electorales. Nuestra posición siempre ha sido defender principios y proponer ideas, no impulsar candidatos; menos, darles apoyo directo. Pero este referendo es muy distinto. Porque nos obliga a decidir sobre el futuro de nuestro país.

No escogeremos gobernante por los próximos cuatro años. Optaremos por algo mucho más serio. Decidiremos entre dos rutas. Una es decir NO, dar un salto al vacío, poner el carro de nuestro de desarrollo en marcha atrás, dar un cheque en blanco a una serie de dirigentes poco responsables, y arriesgar nuestra gobernabilidad, nuestra estabilidad y la capacidad de mantener nuestras instituciones. Otra es decir SÍ y reforzar nuestras condiciones para consolidar el presente y generar un mejor futuro, apegados a la paz, la estabilidad y las instituciones de la democracia; respetuosos de los avances que hemos logrado y sabedores de que, para que nuestros hijos tengan una mejor vida, debemos abrir mayores opciones de producción, educación y empleos de calidad. Esta es nuestra decisión. Esperamos que también sea la suya.

Cadena de falacias.- Durante la campaña con vistas al referendo, los dirigentes del NO han bombardeado al país con un conjunto de falsedades que muestran un enorme irrespeto por nuestra inteligencia como pueblo. Han mentido al decir que la Caja Costarricense de Seguro Social está en peligro, cuando lo cierto es que, gracias a las inversiones y los empleos que generará el TLC, será más sólida y podrá ofrecer mejores servicios. Han mentido al decir que peligra la educación pública, cuando la verdad es que el TLC excluye por completo ese tema y, más bien, nos permitirá disponer de mayores instrumentos para mejorar su extensión y calidad. Y han mentido al decir que el TLC perjudica el ambiente, cuando lo cierto es lo contrario: el país mantiene total capacidad para tomar decisiones en este campo y, más importante aún, para exigir a los vecinos centroamericanos que cumplan sus compromisos. Todas estas falacias y muchas más sin relación con el comercio han sido despejadas por la Sala IV, cuando declaró constitucional la totalidad del Tratado. Pero, con total irrespeto por la verdad, los dirigentes del NO han insistido en ellas.

En el aspecto comercial, la mayor falacia ha sido insistir en que “este” TLC se puede renegociar, y que no peligra el ingreso preferencial que Estados Unidos otorga a nuestros productos mediante la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC). La verdad es muy distinta. No existe posibilidad política alguna de renegociar el TLC; y si, por algún azar del destino, hubiera una renegociación, el país, solo frente al gigante, debería aceptar una serie de imposiciones lesivas a nuestros intereses, cosa que no se dio en este Tratado. Por otra parte, la ICC sí está en serio riesgo porque es temporal y unilateral. Por esto, si rechazamos el TLC, las consecuencias serían catastróficas. No podríamos competir con Centroamérica, perderíamos atractivo para muchas inversiones, y, como resultado, padeceríamos recesión y desempleo. Todos sufriríamos las consecuencias, pero, en especial, los más pobres y las instituciones sociales.

Pero lo más ofensivo en la cadena de manipulación desplegada por los dirigentes del NO ha sido tratar de convertir la religión en un instrumento para infundir temor entre los más humildes. Por desgracia, algunos sacerdotes y hasta obispos eméritos han sido cómplices activos de este grave montaje, con una actitud contraria a la mano generosa, inclusiva y de verdades que implican las enseñanzas de Jesús, y con grave daño para la propia Iglesia.

Instrumento de desarrollo.- No podemos decir que el TLC es perfecto; tampoco, que nos garantiza el desarrollo, que depende de un conjunto de factores, la mayoría nacionales. Pero sí podemos asegurar, con apego a la realidad y a la experiencia, que el TLC es un instrumento indispensable para que los costarricenses mejoremos nuestras condiciones de vida.

El TLC da seguridad jurídica absoluta para el ingreso inmediato a Estados Unidos, libres de impuestos, del 99% de nuestros productos. El TLC mantiene incólumes a nuestras instituciones jurídicas y sociales; más aún, dotará a estas últimas de más recursos para cumplir sus importantes tareas. El TLC permitirá reforzar nuestra soberanía frente a Estados Unidos y Centroamérica; servirá de escalón para un próximo acuerdo con Europa; nos permitirá competir en igualdad de condiciones con nuestros vecinos; mejorará la calidad del empleo; ampliará la gama de opciones para nuestros jóvenes y permitirá a los hogares adquirir una serie de productos a mejores precios. Sin TLC cerraremos pesadas puertas al progreso, y volverlas a abrir será sumamente difícil y lento.

Por todo lo anterior, lectoras y lectores, los instamos a acudir este domingo a las urnas. Y los instamos a que, en la soledad del recinto electoral, piensen en el futuro, en la democracia, en la paz, en la estabilidad, en nuestros hijos y en el país, y voten SÍ.

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