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BUENOS DÍAS Enrique Obregón Valverde | enriqueobregon@yahoo.com |
El canto de la alondra
Abogado
Cuando las tropas revolucionarias llegaron a San Isidro, Isabel trabajaba en un restaurante como salonera. Casada, con hijos y con la permanente ilusión de tener, algún día, una casa de su propiedad. Una mujer del pueblo, normal, como todas las demás mujeres de la época en aquel lugar. Nada sabía de política ni de rebeliones, pero sí tenía noticias de fraudes electorales y de traidores a la patria.
Los hombres armados llegaron, tomaron San Isidro y esperaron a los soldados del Gobierno. Todo era silencio al atardecer, cuando fue llegando la noche. Los hombres en las trincheras no sabían lo que estaba sucediendo en los alrededores. De pronto, Isabel se convirtió en campana, en ave cantora, en voz que anunciaba el peligro. Se inventó un idioma de cantos y silbidos, ella sola, espontánea, con inspiración de heroína. Una palabra cantada, un silbido, y los revolucionarios sabían, entendían, que los del Gobierno estaban llegando.
Inmolada, auténtica. Isabel fue un ángel, un espíritu privilegiado que había nacido para el sacrificio total. Para un solo instante. No fue soldado, nadie la reclutó. No sabía de política ni de revoluciones. Pero se incorporó, ayudó, salvó vidas. Ella sola, inmolada, auténtica.
En la madrugada, aparecieron de nuevo las tropas del Gobierno. Entonces, su voz se escuchó, cantando armoniosamente, por la libertad, por el derecho a elegir libremente. Cuando ya casi salía el sol, en noche amanecida, se escuchó su canto de alondra por última vez y débilmente se apagó. Alguien la descubrió. Una bala terminó con el trino, con el canto de alerta, con todo su ser convertido en campana.
Nuevas auroras. Isabel Romero, trino alado, dulce palabra, que recorrió las trincheras en el silencio de la noche para anunciar nuevas auroras. Cuando la encontraron tendida en el piso del restaurante, ya no era Isabel pues se había transformado en símbolo, en protesta, en entrega total y voluntaria a la patria.
Isabel, espiritualidad viviente, canto de alondra que vuela al amanecer.
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