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Luis Paulino Mora Mora |
Un triste capítulo
Aplicación de la ley sin distingos, aun para los propios
Presidente de la Corte Suprema de Justicia
La semana pasada se cerró un triste capítulo protagonizado, muy lamentablemente, por servidores judiciales. La víctima, los imputados y los jueces, todos del Poder Judicial. Para algunos eso fue una especie de “telenovela judicial”; para unos marcó tristemente su destino; y otros, en cambio, aprovecharon la oportunidad para mejorar ratings . La verdad es que, detrás de todo este remolino de eventos, transluce un drama humano muy triste, de dolor y muerte que nos debe llamar a la reflexión como sociedad.
Esa tristeza es más grande para todos los servidores judiciales –que perdimos mucho en este proceso–, pero sobre todo de un solo golpe y sin aviso, como suele suceder en estos casos, nos abrió los ojos para ver nuestra propia vulnerabilidad, como la de cualquiera, frente a la violencia y pérdida de valores que permean nuestra sociedad.
Página desgarradora. Esta vez nos tocó juzgar a los nuestros; sin embargo, como costarricenses, sabemos que este capítulo no está cerrado, que es más bien una página abierta que desgarra familias todos los días y que no hemos sabido abordar adecuadamente como sociedad.
Pero, si como seres humanos estamos expuestos a fallar y a sufrir con ocasión de nuestros asuntos personales, está claro que el cargo de servidor judicial, como representante de la justicia, está sujeto a una rigurosidad ética y legal singular, que vincula al servidor aun después de la jornada laboral, y ese requerimiento puede decirse de todo servidor público en general; asimismo, cuanto más alto el puesto, mayor la responsabilidad.
Valores y ética. Somos respetuosos de la sentencia dictada. Con ello precisamente se demuestra una vez más que, en las sociedades democráticas, la aplicación de la ley es igual para todos, sin distingo –como debe ser–, aun para los propios; ahora nos queda un sentimiento de duelo que espero que nos sirva para reflexionar a todos sobre los valores con los que estamos formando a nuestros hijos, los valores en pareja y familia, la ética en el trabajo.
Para que todo este dolor no haya sido en vano, debe servirnos al menos para eso. Nosotros haremos lo propio por redoblar nuestros esfuerzos en la institución y seguir adelante con toda la dignidad que representa, con la misión de cumplir ante la sociedad con el sagrado principio de ‘justicia pronta y cumplida’.
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