Costa Rica, Martes 2 de octubre de 2007

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Rodrigo Arias Sánchez

Diez verdades sobre el TLC

 Un llamado respetuoso a que el miedo no afecte nuestras decisiones

Ministro de la Presidencia

Pocos días antes de que los costarricenses tomemos una de las decisiones más importantes de las últimas décadas, es bueno resumir, en pocas frases y objetivamente, algunas verdades sobre el TLC entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. Esas 10 verdades básicas son las siguientes:

kEste TLC no es una novedad en nuestras relaciones comerciales internacionales. Hoy Costa Rica ya tiene vigentes tratados similares con México, Canadá, Chile y las 14 naciones del Caribe. Además, tiene firmado un acuerdo con Panamá y dentro de pocas semanas iniciaremos la negociación para lograr lo propio con las 27 naciones de la Unión Europea.

kEste TLC no sustituye nuestra Constitución Política ni las leyes de la República. Es un tratado internacional más entre decenas de tratados que el país tiene vigentes, prácticamente, en todas las áreas de relación internacional, incluyendo no solo el comercio, sino la cultura, la educación, la migración y la lucha contra el narcotráfico, por citar algunos. Cada tratado nos impone obligaciones y nos da derechos, pero ninguno de ellos –este tampoco– sustituye nuestro propio orden constitucional y legal que es una expresión de nuestra soberanía.

kEste TLC no es una propuesta de política económica o social, es un acuerdo para facilitar y asegurar el intercambio de bienes y servicios entre las naciones partes y proteger las inversiones. Nuestras políticas económicas y sociales son nuestra responsabilidad y definirlas es nuestro derecho soberano.

kEste TLC no es una reforma del Estado costarricense. Es una herramienta para asegurar el ingreso de nuestros productos a los mercados de las demás naciones. La reforma del Estado costarricense es, igual que nuestras políticas económicas y sociales, responsabilidad y derecho soberano de los costarricenses.

kEste TLC no sustituye los Tribunales de Justicia nacionales. La administración de justicia sigue siendo una función exclusiva del Estado por medio del Poder Judicial. Lo que si es posible resolver, mediante instancias que el propio Tratado establece, son las controversias sobre el fiel cumplimiento de las obligaciones que el convenio establece para todas las partes y no solo para Costa Rica.

Esto ya existe en Costa Rica en los acuerdos de protección de inversiones y en los tratados vigentes, así como la resolución ante un Tribunal Arbitral en contratos administrativos dentro de nuestro propio país.

kEste TLC no afectará a los agricultores nacionales. Por el contrario, los grandes beneficiarios de este acuerdo son nuestros agricultores en la medida en que, prácticamente, podrán ingresar todos sus productos al mercado norteamericano, sin impuestos ni cuotas y con una demanda favorable en ese mercado en razón de que nuestra producción agrícola es complementaria y no competitiva con los productos de EE. UU. Los pocos productos que se dan en los dos países no podrán ingresar a Costa Rica hasta dentro de 20 años, no antes.

kEste TLC no privatiza el ICE ni el INS; al contrario, estas dos empresas seguirán siendo del Estado, fortalecidas y liberadas de muchas de las amarras que actualmente no les permiten desarrollar con mayor agilidad sus proyectos y gestión de mercado. Una vez fortalecidas, vendrá la competencia que, en último término, beneficiará al consumidor final de estos servicios y productos que somos todos los costarricenses.

kEste TLC no perjudica a la Caja de Seguro Social. Los genéricos que hoy compra podrá seguir adquiriéndolos. Los nuevos genéricos, en caso de necesidad, podrá adquirirlos aun fuera del mercado que forma este tratado. No es cierto, tampoco, que con el TLC se puedan vender órganos y fluidos humanos. Eso está prohibido en Costa Rica y así seguirá.

kEste TLC no regala el agua ni los mares ni la isla del Coco a los extranjeros. Estos bienes son nacionales y así seguirán. En el caso del agua, la pesca y las riquezas del fondo marino, su explotación está regulada por leyes costarricenses que seguirán vigentes y que son las que determinan hasta dónde puede llegarse en el aprovechamiento de estos recursos. Dichas regulaciones no son alteradas en nada por este TLC.

kEste TLC no es para los ricos. Los grandes inversionistas, ya sean naciones o extranjeros, pueden invertir donde quieran y se irán para donde sea mejor y más rentable para ellos. Los verdaderos beneficiarios de este TLC son los pequeños, medianos y micro- empresarios costarricenses que no se pueden llevar sus empresas o sus inversiones a otros países y tienen que quedarse aquí, con TLC o sin él.

Pero, si quedamos fuera, nuestros productores se quedarán aquí sin las ventajas y oportunidades de acceso de sus productos a los mercados de estos países.

He preparado y he decidido publicar este “decálogo de verdades sobre el TLC” para contribuir de manera objetiva y concreta a la reflexión que los costarricenses estamos haciendo en los días previos al referéndum, y con el propósito de que ese día vayamos a las urnas sin miedo a la grandeza, con fe en los costarricense y solidarios con aquellos cientos de miles de trabajadores costarricenses que, de triunfar el no, podrían ser los grandes sacrificados al ver cómo se pierden sus trabajos y cómo se reducen sus espacios para trabajar, superarse y surgir.

Mi llamado respetuoso es a que el miedo no afecte nuestras decisiones y que no castiguemos a centenares de miles de compatriotas por las mentiras y el temor que algunos que dicen no a todo han tratado de infundirnos sobre la verdadera naturaleza, significado e impacto de este acuerdo comercial.

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