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Víctor Vega Vargas | vvega_742@hotmail.com |
¿Una decisión acertada?
Estudiante
La abolición del ejército en Costa Rica, el 1.° de noviembre de 1948, supuso y supone el hecho de mayor alcance histórico de un Gobierno costarricense. También es uno de los actos más significativos y de mayor importancia civilizadora en Latinoamérica en el siglo XX.
La abolición no solo implicó la eliminación de la institución castrense, sino también la adopción de una política nacional de defensa basada en el desarme, como evidencia la literatura especializada en este campo.
Efectos indirectos. Sin embargo, un elemento importante que no ha aflorado en el análisis de estos hechos ha sido la valoración sobre lo que, a partir de la abolición del ejército, no ha sucedido en el país y en nuestro medio científico nacional.
Así, desde una particular forma de vinculación entre ciencia, tecnología, Estado y ejército, ha operado la conversión de los gobiernos nacionales en patrocinadores y clientes de los productos e invenciones de la tecnociencia militarizada, lo que ha potenciado la creación de la Fuerza Pública en función de intereses militares a través del financiamiento estatal asignado a la investigación, con la justificación de que la superioridad tecnológica asegura, sobre cualquier eventual enemigo, una ventaja militar tras la que se disuade al agresor de materializar su agresión y, así, se logra la paz.
Quizá lo políticamente posible sea procurar establecer mecanismos para su uso pacífico, así como formas de acatación civil de tal uso. Dado que el camino de la confrontación directa en pro de la eliminación completa del ejército, como lo hemos hecho en Costa Rica, no resulta factible para nosotros que el ejército goce de la legitimidad social suficiente para efectos de justificar su existencia, ante lo cual solo es dable acatar pacíficamente saber científico elaborado al tenor de las necesidades militares (por ejemplo, aplicar humanitariamente la tecnología militar en labores de desminado en zonas posconflicto).
Recursos redirigidos. En general, la abolición del ejército en Costa Rica no solo liberó al país de la inmensa carga que supone el mantenimiento de las fuerzas armadas, redirigiendo entonces dichos recursos al área de la educación y la salud, sino que significó liberar al país de los embates negativos que el militarismo genera en el campo científico, haciendo de Costa Rica una de las excepciones mundiales en el campo de la seguridad y defensa, no solo por carecer de un ejército, sino también por no haber dispensado un solo recurso científico al quehacer militar.
Es un orgullo para todos/as los/as costarricenses carecer del poder militar y ser la primera nación del continente americano en abolir el ejército.
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