Costa Rica, Viernes 30 de noviembre de 2007

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Página Quince

Eladio Jara Jiménez

Programa espeluznante

Ingeniero

Veo muy poca televisión porque me cuesta encontrar un programa que me interese; sin embargo, una noche de estas, traveseando con el control, me encontré con un programa terrorífico: Camilo Rodríguez entrevistaba a Juan Diego Castro; estaban hablando sobre el escandaloso aumento de la robadera y la escandalosa alcahuetería de nuestros códigos para imponer sanciones

Resulta que en Costa Rica, hasta hace poco se toleraba, de acuerdo con la ley, que un individuo se robara ¢100.000 sin peligro de que lo metieran a la cárcel. Ahora me entero, por las declaraciones de don Juan Diego, que ese monto ha subido a ¢250.000. No importa que la policía agarre al ladrón y lo lleve al Tribunal; el juez, de acuerdo con la ley, lo dejará en libertad media hora después.

Y quedan libres… Con estas leyes que nos recetan los diputados, resulta que las denuncias por robo que reciben los jueces se han multiplicado en un corto plazo; en cambio las sentencias de cárcel han disminuido en ese mismo plazo: solo un tres por ciento de los acusados va a parar a la celda, los demás quedan libres. Estas proporciones son sobre los robos denunciados. La mitad de los asaltos no llega a los tribunales.

Parece que los jueces le dan más importancia a los robos millonarios que a los de ¢200.000; sin embargo, los robos millonarios se los hacen a los millonarios y los de ¢200.000 se los hacen a los pobres. El salario de un mes en manos del ladrón.

No se ha escuchado todavía la voz de ningún líder político, ningún diputado, ningún juez o ningún ministro que esté preocupado por el régimen de terror en que estamos viviendo.

Por un celular. ¿Usted se atreve a salir de noche a la calle, solo o acompañado, o en carro? Si lo hace, se está jugando la vida. Hace poco dijo Édgar Espinoza en una de sus columnas que aquí la vida de nosotros vale un celular.

Habló don Juan Diego de reformas sencillas que se han enviado a la Asamblea Legislativa para aliviar esta situación, pero nadie se ha interesado en verlas.

Si hay una ley que permite robarse ¢250.000, que la quiten, o que la rebajen a ¢10.

Hace poco asaltaron a un ministro en su carro y casi lo matan: ¿No será este motivo suficiente para que el Gobierno tome cartas en el asunto?

La tolerancia a la delincuencia en este país ha servido para que los ladrones de otros países vecinos se vengan para acá, a disfrutar de la impunidad y la alcahuetería.

Este programa se refirió únicamente al robo. Anunciaron otro parecido sobre el crimen.

Si el primero paraba los pelos, imagínense qué pasará con el segundo

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