Costa Rica, Viernes 30 de noviembre de 2007

/OPINIÓN

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Luis Rojas Coles

La hora negra de la Liga

Redactor de La Nación

Seamos justos, honestos y claros. Los equipos de futbol sin excepción en el mundo, tienen sus horas buenas, extraordinarias y para recordar, pero también tienen sus tiempos negros. Estos últimos, si bien mucha gente prefiere olvidarlos, dizque para sentirse mejor, también forman parte de la historia.

“Lo que importa es el presente”, me decía un día de estos un seguidor del Saprissa, cuando le recordamos que también el “famoso monstruo” ha tenido sus crisis. “Aquí lo que ocurrió antes no vale de nada”, añadió el empedernido fanático, quien de un solo golpe olvida que no hay presente sin pasado.

Pero, bueno… a veces la gente prefiere simplificar las cosas. En cambio yo, como ciudadano y periodista, prefiero asumir otro tipo de actitud y admitir que los incidentes de la noche del martes 27 de noviembre en el Estadio Alejandro Morera Soto me causaron más que sonrojo. Me avergonzaron y me hicieron sentirme muy mal como seguidor de la Liga.

Consecuencias inimaginables. Que no vengan ahora a decirme que ese tipo de cosas han ocurrido, ocurren y ocurrirán siempre porque las “barras” de seguidores son así o de otra forma. No, yo no puedo aceptar que el comportamiento de ciertos aficionados empañe y dañe, con consecuencias inimaginables a una institución.

La Liga anda mal en todos los aspectos. A los jugadores (que no vengan a decirme que si uno no ha jugado futbol no puede criticar a los futbolistas), parecen pesarles más de la cuenta sus pies y parecen muy distantes en la cancha y más distantes de lo que el técnico puede pretender.

A los futbolistas rojinegros como que el marco rival se les empequeñeció y la cancha se les agrandó pues necesitan cinco, seis y hasta veinte “toques” al balón para precisarlo y como una treintena de pases para llegar al marco rival.

Causa de resultados. La Liga parece tener un divorcio con las prácticas normales, claras y precisas del balompié y de ahí los pobres resultados. Sin embargo, el paroxismo (exaltación extrema de los efectos y pasiones) mostrado por sus fanáticos no puede ser aceptado y, por el contrario, debe abrirse una investigación, hasta sus últimas consecuencias, a fin de determinar qué fue lo realmente ocurrió.

Ver a padres de familia protegiendo a sus pequeños hijos ante la eventualidad de un incidente mayor. Contemplar la impotencia de la denominada seguridad de los estadios la que, dicho sea de paso, de todo le vimos menos efectividad y, por supuesto, observar que muchas veces nuestra policía uniformada no puede proceder como debe ser, pues se puede ver en problemas legales, solo arrojan un pobre resultado.

¡Atención, directiva manuda! Hay que tomar cartas en el asunto. El comportamiento de las “barras” puede, ciertamente, causar incidentes de mayor gravedad. La memoria nuestra suele ser muy flaca y olvidamos que por estos absurdos ya tenemos hasta víctimas mortales en nuestro país. No permitan que esta hora negra, muy negra, que vive la Liga se prolongue hasta alcanzar consecuencias impensables.

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