Primera Fila
La encrucijada de los manudos
Subeditor
Los hechos son contundentes y lamentables. Lo que ocurrió la noche del martes en el estadio Alejandro Morera Soto no puede tomarse a la ligera y, si de algo sirve, debe ser para meditar sobre lo que somos en el ámbito futbolístico y como sociedad.
En ambos campos nos refleja como pueblo: agresivos cuando actuamos en manada, xenófobos contra nuestros iguales, nunca contra la “cultura superior”, racistas si el “otro” es minoría, machistas en público y en privado, hombres y mujeres.
Pero dejemos de lado la sociología y vamos al deporte, más concretamente a Alajuelense.
Un equipo que hace ya rato perdió solera y que no encuentra el camino para recuperar su grandeza es caldo de cultivo ideal para la frustración de sus seguidores, en especial, de los violentos, que si bien son pocos, pueden –como se vio el martes anterior– hacer correr a la Policía.
Entonces surge la cadena de errores que propiciaron lo que, con estupor, vimos esa noche.
La furia del aficionado es de vieja y nueva data. Lo añejo tiene que ver con la errática política de la directiva en contratación de jugadores y técnicos, y con la sangría de íconos en las últimas temporadas.
Ejemplos: Rolando Fonseca, Erick Scott, Luis Marín, Wílmer López, Carlos Hernández. Y como técnico: Javier Delgado.
Debilidad. Encima, la Liga no juega bien y cualquiera le pinta la cara en su propio estadio, como lo hizo Municipal de Guatemala con buen futbol y excelente táctica.
Todo ello producto de la pésima planificación. ¿Cómo es posible que en un equipo serio se den cuenta que no tienen un volante creativo hasta avanzado el torneo?
Pero los dirigentes no son los únicos señalados. Los jugadores parecen no entenderse con el técnico, quien con su cara se desconcierto durante el partido dijo más de lo que se puede con palabras.
Fuera del ámbito del club, los yerros también son mayúsculos. Una seguridad privada que es muy valiente cuando se trata de obstaculizar el trabajo de la prensa, en esta oportunidad se mostró torpe e inoperante frente a una pequeña manada de energúmenos.
Lo más preocupante fue lo que manifestó el jefe de la policía de Alajuela el día siguiente: “No mandé más efectivos porque si mando más, me golpean a más”.
Siguiendo esa lógica, sería mejor no mandar ni a uno solo pues de esa forma se garantizaría que ningún policía seríaa golpeado.
¿Para eso pagamos los impuestos con que se paga a la Policía?
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