Costa Rica, Miércoles 28 de noviembre de 2007

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Rigoberto Stewart

La redistribución del GILA

 Las intervenciones económicas del Estado son el problema, no la solución

Economista

Los gurúes económicos constantemente promueven intervenciones del Estado para redistribuir la riqueza, como si esta estuviera por ahí en espera de ser distribuida. No es así. La riqueza se crea por individuos con base en su propiedad, inteligencia y esfuerzo, por lo que su redistribución forzosa es un acto criminal. Además, las intervenciones económicas del Estado son el problema, no la solución. Veamos.

El sistema de especialización e intercambio (SE&I), una intrincada red de interrelaciones e interdependencias, en la cual cada individuo produce un bien (o muy pocos) y obtiene todos los demás mediante el proceso de intercambio, es decir, el comercio, es el único sistema capaz de generar riqueza para cientos de millones de personas, en parte, por las siguientes tres características. Una, permite a cada individuo poner su inteligencia, destrezas y recursos al servicio de todos los demás participantes. Dos, los oferentes de cada bien o servicio deben competir entre sí, lo cual sirve de acicate para la búsqueda incesante de mejores soluciones para las necesidades de consumo del prójimo. Tres, todo intercambio voluntario enriquece a los involucrados, pues cada uno vende caro y compra barato.

Un ejemplo. Con equis cantidad de recursos, Juan tiene la oportunidad de producir 10 pantalones (P) o 1 kg de leche (L); y Miguel, 8 kg de leche (L) o 1 pantalón (P). Deciden especializarse e intercambiar al término de 1 P por 1 L. Así, Juan vende caro: cada P le cuesta 0,1 L, pero lo vende en uno; y compra barato: cada L le cuesta 10 P, pero paga solo uno. Igualmente, Miguel vende caro: cada L le cuesta 1/8 P, pero lo vende en uno; y compra barato: cada P le cuesta 8 L, pero paga solo uno.

Esta es la razón por la cual el SE&I genera la máxima riqueza y la distribución más justa cuando se cumple el requisito de libre intercambio; es decir, cuando se respeta absolutamente el derecho de propiedad (DDP) de todos los participantes. Una distribución justa significa que cuanto más aporta un individuo al SE&I, cuanto más enriquece a los demás participantes, más recibe. Por ejemplo, Bill Gates se queda con menos del 2% de la riqueza estimulada por sus inventos, pero aun así recibe mucho más que otros pues su aporte es mucho mayor. Por casualidad, esta distribución justa tiende a ser menos desigual que otras distribuciones.

Genialidades del GILA. Ante este maravilloso resultado, el grandísimo idiota latinoamericano (GILA) jura que Dios se equivocó y que a él, como gobernante, le toca enmendar el error. Entonces, suprime el derecho de propiedad, restringe la competencia, veda la participación del ciudadano en algunas actividades productivas, prohíbe o limita ciertos intercambios, en especial con extranjeros, y fija términos de intercambio (precios) distintos de los que se hubieran acordado libremente. Estas “genialidades” tienen dos efectos: el sistema genera poca riqueza (en Latinoamérica menos del 10% de su potencial) y la mayor parte de ella termina en pocas manos.

Se genera poca riqueza porque en la mayoría de los intercambios, los actores son forzados a vender más barato o comprar más caro de lo que harían en un régimen de libertad. Además, la falta de competencia reduce o elimina la motivación para buscar mejores formas de aprovechar los recursos. La distribución de riqueza que resulta es injusta (los que aportan menos, reciben más) y mucho más desigual, pues las intervenciones del GILA hacen que una minoría (sus amigos, familiares y partidarios) pueda vender más caro o comprar más barato de lo que haría si se respetara el DDP de todos.

Ante este panorama, ¿qué hace el GILA? En lugar de enmendar su error, incrementa su intervención dizque para mejorar la distribución... de la pobreza. El resultado es más pobreza y una distribución de ingresos aún más desigual, lo cual motiva otra cantarada de artículos de gurúes pidiendo más acción del Estado para mejorar la distribución de la riqueza. ¡Cómo cuesta que entiendan lo más elemental!

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