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Eliseo Valverde Monge |
Rosita, aborto obligado
¿Pedirán “esas señoras” perdón al humilde campesino?
Médico
Hace apenas unos años, una niña de nombre Rosita y de origen nicaragüense hizo noticia en el país. Ella tenía nueve años de edad y se encontraba embarazada. Cuando le preguntaron quién era el responsable de ese embarazo, ella, la madre y el padre político, aconsejados por un grupo de “distinguidas damas” pertenecientes a un movimiento contra la violencia o algo parecido, acusaron a un pobre campesino que, siendo inocente, no pudo defenderse. Todo fue dado a su condición humilde y, humildemente, fue a la cárcel a purgar un delito inventado. ¿Serán ahora, esas señoras, que en aquel momento hicieron tanta bulla en los medios de comunicación colectiva, lo suficientemente valientes para pedir perdón al campesino?
Recuerdo a una de ellas, que asistió conmigo a un programa de televisión, exactamente al medio día, y que, antes del comienzo, se paseaba por todo lado recomendando el aborto de Rosita y el castigo de prisión para el joven turrialbeño. La verdad: ¡Qué injusticia tiene, en ocasiones, la vida!
El Estado costarricense debería tomar muy en cuenta esta inconcebible falta e imponer un castigo a quienes sentenciaron a muerte a un ser inocente que, desde un útero, no se pudo defender y, también, analizar los errores que en aquel momento la justicia cometió contra el campesino. Por otro lado, Costa Rica tiene que tomar en cuenta muchas cosas, porque, si en algo se ha caracterizado el Estado, es por el respeto a la vida humana. Además, asienta sus principios en valores muy propios de los orígenes culturales de su población.
Sin respaldo científico. En este sentido, en el artículo 21 la Constitución Política se dice: “La vida humana es inviolable”; y de acuerdo con ella, nuestro Código Penal, en los artículos 118, 119, 120, 121 y 122 descalifica el aborto como una práctica moralmente justificada, de manera que vamos a ver qué pasa a partir de ahora, o si continuarán esas “damas” recomendando crímenes que terminan con la vida humana de forma antojadiza y sin respaldo científico.
El derecho a la vida constituye, sin duda, el primero y el más grande de los derechos del hombre, puesto que la vida es el hecho a la condición necesaria para que haya sociedad humana.
El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le debe reconocer los derechos de la persona. No como hicieron los “responsables padres” de Rosita y las señoronas consejeras que la enviaron a Nicaragua a someterse a una cirugía riesgosa como es un aborto, que de terapéutico no tuvo nada. En el programa de televisión hablé de la niña Lina Medina, sudamericana, que a los seis años de edad fue madre de un chiquito, nacido por cesárea en manos de cirujanos que jamás aceptaron ser criminales y, por el contrario, pusieron los adelantos científicos de aquellos tiempos a disposición de Lina ( Endocrinología , de Pascualini).
Hay persona humana. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción. Así pensaron y creen los médicos para quienes la ciencia y la técnica no tienen el derecho de degradar, sino promover la dignidad humana, porque donde hay embrión y luego cuerpo humano vivo, hay persona humana.
Vale la pena que al respecto se haga una revisión del tema en general antes de que en nuestro país se cometan asesinatos de inocentes que no pueden defenderse y también, que se lleven a prisión a quienes nada tienen que ver con delitos.
Hace ya varios años fui a La Reforma a visitar a un conocido. Él me presentó a un amigo que me dijo algo que me dejó sorprendido: “Yo estoy aquí por un delito que no cometí”. Luego supe que en el Hospital San Rafael de Alajuela le diagnosticaron un cáncer incurable y, poco tiempo después, murió. ¿Habrá sido cierto que siendo inocente estuviera en prisión?
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