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Página Quince Diego Víquez |
Costa Rica: página en blanco
En el mundo político, los escenarios y los actores no podrían ser ya más variados
Filósofo
Para los que padecemos algún grado de obsesión, Costa Rica en el actual momento es algo irritante, pues carecemos de los elementos suficientes para barruntar cuál puede ser el futuro sociopolítico de esta ahora “chinófila” nación.
En el mundo político, los escenarios y los actores no podrían ser ya más variados. En el partido reinante –con el perdón del ciudadano Chávez Frías– se despliega una ya larga lista de ungidos y autoungidos, a esos los clasifico como los que son, los que quieren ser y los que aún no salen oficialmente a la palestra. Entre los primeros existen prospectos realmente brillantes, que vienen haciendo una enorme y meritoria labor en sus trincheras. Entre los segundos, existen al menos dos figuras que por salud mental, moral y académica no deberían ni atreverse a pretender dirigir los destinos de la nación. Y, entre los que aún no figuran oficialmente, solo tendría que decir que ojalá salga pronto, porque, de lo contrario, la cancha quedaría en manos de algunos impresentables.
Confuso carrusel. En el escenario de la oposición, todo parece un confuso carrusel. No creo que apostar por el mismo sea inteligente y tampoco creo que las exuberancias caribeñas estén a la altura de las circunstancias. Se deben reinventar, tener el coraje de pasar la página del fundador y ofrecer a la ciudadanía, al menos, un rostro no perdedor.
De las otras oposiciones, mejor ni hablar; de una que fue significativa, porque la salud pública exige su definitiva extinción, y de las otras, porque solo existen para dotar a la democracia de sus dos extremos.
Sin embargo, en esta mirada política, tal vez lo más complejo sea la reconfiguración ideológica de las fuerzas, puesto que es evidente que estamos frente a la conformación de dos bandos, con dos visiones de país, con dos formas de entender la dinámica social bastante opuestas: una de centro derecha y otra de centro izquierda. El problema es que las derechas han encontrado cálido abrigo al amparo de lo que era la centroizquierda oficial, ante el abandono de la mayoría de la gente de las izquierdas de esa casa tradicional.
Todo por hacerse. Me parece que la salud de la República, requiere que toda esa izquierda de centro o un poco más radical, logre armar un programa político sólido y coherente, tal vez con el rostro de una coalición o de un frente, a lo argentino, uruguayo o chileno, de modo que vuelva a ser un proyecto político viable. Como puede verse, todo esta por escribir o hacerse, una página bastante en blanco.
En cuanto al escenario social, la blancura del papel no deja de ser mayor. Costa Rica es un país al que le faltan claves de autocomprensión, dominados tal vez por el inmediatismo y por la poca capacidad de abstracción que hoy el costarricense promedio posee. Hace algunos años, monseñor Barrantes habló de las dos Costa Rica; esto, que se aplicó al ingreso, obviamente va permeando también el estilo de vida y de pensar de los costarricenses. Hoy, más que nunca, el país se enfrenta a masas insertadas plenamente en la globalización y en la sociedad de la información, con hábitos e ingresos propios del primer mundo, frente a masas desinformadas, más aún, que ni siquiera sienten la necesidad de estar enterados de nada, para ellos el horizonte espacial es solo la calle o el barrio.
Se trata de dos estilos de vida, de enfrentarse a la cotidianidad absolutamente excluyentes el uno del otro: uno viaja a dejar a sus hijos al Lincoln en su doble tracción alemán y, en la misma calle, pasa por la acera un niño que viene de comprar de la pulpería un pañal para su hermanito –sí, uno, sacado del paquete por el pulpero y entregado al niño unitariamente, porque solo uno puede comprar, es de imaginar entonces que solo ese pañal tendrá en ese día, no uno cada tres horas como dicen los que saben–.
Cólera o miedo. Esas dos patrias embroncan. Esas dos patrias ensordecen, porque viven paralelamente, nunca se tocan, los únicos vasos comunicantes los produce la cólera o el miedo: la primera entre los pobres, que miran con un resentimiento cada vez mayor a los ricos, y la segunda porque estos últimos, ante el pobre, solo amenaza sienten. Y en el medio de la pobreza y de la opulencia, una masa a medio camino, con gustitos de burgués pero con deudas de pobre.
Este sería el panorama; no tengo salidas ni soluciones; la hoja está en blanco, solo toca seguir pensando, escribiendo y haciendo, y dejar que pase la historia y que pasen los imprevisibles, para ver qué letrillas aparecen en el fondo blanco de este libro que es la historia de la patria.
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