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PÁGINA QUINCE Fernando Leal | fleal@cariari.ucr.ac.cr |
Alrededor de Maquiavelo
Filósofo
Suele considerarse a Nicolás Maquiavelo como el padre del realismo político, en oposición a Platón, que lo sería del idealismo político. Sin embargo, en los escritos políticos de Aristóteles se encuentran las primeras ideas que sugieren cómo conservar el poder bajo los distintos regímenes y las primeras investigaciones metódicas acerca de las causas de los cambios políticos. En efecto, el análisis genético-histórico de Aristóteles extrae suficientes ejemplos empíri- cos para sustentar sus ideas acerca de las diversas estrategias, alianzas y concesiones que convienen en cada caso para enfrentar el peligro de los adversarios y de los cambios bruscos. Su investigación le permite reconocer la importancia de la oposición de ricos y pobres y el papel de la propiedad de las armas y la riqueza en la sucesión de las diversas formas de gobierno. En sus planteamientos, Aristóteles no se separa tanto de su maestro Platón quien, por otra parte, siempre tuvo en cuenta los modos reales de las diversas formas de gobierno y de sus cambios.
Pero en los escritos de Maquiavelo se resalta la importancia del conocimiento histórico como la vía óptima para aprender las habilidades necesarias en la adquisición y la conservación del poder. Al contrario de Platón y de Aristóteles, no busca asentar las bases del mejor régimen político, sino extraer de los ejemplos históricos las causas del éxito y del fracaso de los príncipes y del auge y la decadencia de los reinos. No obstante, el análisis maquiavélico no se circunscribe a examinar los hechos, sino que estos se seleccionan y disponen de modo que las ideas queden apropiadamente respaldadas. Sirven a este propósito un par de notables hipótesis que inclinan la balanza en la dirección que persigue el filósofo florentino: la historia se repite y el hombre es malo por naturaleza.
Ejemplos divergentes. Podría creerse que la afirmación de que “la historia se repite” se deduce del análisis histórico; sin embargo, según se dirija la atención hacia un ángulo u otro de los posibles, podrían descubrirse, en medio de las analogías circunstanciales, ejemplos divergentes que harían pensar que la historia no se repite y que las instituciones humanas cambian constantemente, aunque con ritmo desigual, según las condiciones de cada tiempo y lugar. Además, en la proposición de que “la historia se repite” hay una carga determinista sumamente teórica, fuertemente vinculada a la otra hipótesis mencionada: “el hombre es malo por naturaleza”. También esta idea podría asumirse como asegurada sobre la base de los terribles crímenes y crueldades infligidos al hombre por el hombre. Pero en la fórmula del “por naturaleza” hay algo más substancial: se afirma que todo hombre es intrínsecamente malo, de lo que se deduce que el uso de la maldad no es antinatural, sino adecuado cuando se trata de mantener el poder y asegurar el reino.
De este modo, la protección del Estado y el mantenimiento del poder han de llevarse a cabo sin que importe la naturaleza de los medios. El gobernante está no solo en pleno derecho –si quiere mantenerse en su sitial– de apelar al crimen, la mentira, el terror y la traición sin miramiento alguno a edades, sexos ni parentescos. Al respecto, la historia no perdona debilidades de ninguna clase. Puede ocurrir que el príncipe sea amado por el pueblo, y esta circunstancia debe saber aprovecharse, pero no obsta para que, en caso necesario, el príncipe se haga temer con todo rigor, pues el amor del hombre –malo por naturaleza– no es nada seguro, mientras que el miedo tiene su propia virtud.
Naturaleza del hombre. Entre los gobernantes que han asentido a las ideas y consejos de Maquiavelo se encuentra Napoleón Bonaparte, cuyas anotaciones al margen suelen acompañar las ediciones de El príncipe . Son especialmente relevantes algunas notas que, derrotado, hizo Bonaparte en su prisión de Elba, refiriéndose a las dificultades insalvables que Maquiavelo halla en cuanto a saber adaptar la naturaleza propia a la variación de las circunstancias y los tiempos, dice: “Esto me parece completamente imposible”. En efecto, en este sistema analítico la naturaleza del hombre termina por prevalecer, de modo que los cambios históricos siempre terminan en la destrucción y el infortunio.
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