Costa Rica, Sábado 24 de noviembre de 2007

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Paul Rueda

Testigo presencial

 La reputación nacional e internacional de don Pedro Haba queda incólume

Abogado

Hace pocos meses, el profesor Pedro Haba Müller fue objeto de un muy merecido reconocimiento: la UCR le confirió el Premio al Investigador en el Área de Ciencias Sociales, año 2006. Hace pocas semanas, por el contrario, la Asamblea de la Facultad de Derecho de esa universidad le negó al mismo docente la designación de profesor emérito.

La justificación principal alegada por algunos, de acuerdo con el artículo del profesor Minor Salas, del pasado 22 de noviembre, fue que don Pedro era muy buen investigador pero mal pedagogo. Eso lo dijo una parte de la Asamblea en la que, sin duda, había muchos pedagogos expertos opinando al respecto.

Como exalumno de don Pedro, quien ahora me acompaña como profesor en la Maestría de Derecho Constitucional de la UNED, tengo suficientes razones y vivencias para discrepar de tales críticas.

Relevancia académica. Primeramente, la excelencia del currículum de don Pedro constituye un primer acercamiento para dimensionar su relevancia académica: exbecario posdoctorado de la prestigiosa Fundación Alexander von Humboldt, más de 130 investigaciones de carácter inédito (no mera recopilación de lo que otros han dicho) en tres idiomas, el puntaje académico más alto entre los profesores del Área de Ciencias Sociales y el segundo más alto de toda la UCR, la máxima autoridad internacional en Filosofía Jurídica del país (como se extrae del tipo de revistas que publican sus trabajos y la calidad de las universidades que lo invitan).

Más allá de tales datos, la obra de don Pedro se ha materializado en un logro académico y pedagógico fundamental: instauró, de manera seria y actual, la Filosofía del Derecho como disciplina de estudio, tanto en la UCR como en la cultura jurídica nacional. Sin él, el país yacería en las catacumbas de la ignorancia jurídica en esa área del conocimiento, base de todo el pensamiento en Derecho.

Como profesor, ciertamente, don Pedro se caracterizó siempre por su absoluta honestidad intelectual y vocación por la docencia, amén de una decidida lucha por décadas contra la mediocridad y el facilismo, tan arraigados en nuestro ambiente, a todo nivel.

Calidad y dificultad. En mi época, con el profesor Haba nos matriculábamos dos tipos de alumnos: los voluntarios, a quienes nos intrigaba saber qué es lo que se podía aprender con él, y los involuntarios, aquellos con las peores notas que no hallaban cupo en las clases de otros profesores. Por eso, la tasa de aprovechamiento con don Pedro debía ser necesariamente menor, lo que era independiente de la calidad docente y académica del profesor, y más se relacionaba con la dificultad propia de la Filosofía Jurídica, cuando es enseñada en serio.

En sus clases, don Pedro nos instó, en buena hora, a ser disciplinados. Más importante aún: con esmero, tuvo la virtud de cultivar en el alumnado el espíritu crítico, la determinación de falacias argumentativas y el desarrollo de pensamiento propio. Hoy, más de 20 años después de haber recibido clases con don Pedro, cada vez que tomo un texto y lo comparo con otros, a fin de identificar similitudes y diferencias, y de ahí hacer comparaciones y extraer mis propias conclusiones, recuerdo con agradecimiento las lecciones y actitudes del educador, así como las largas horas que hubo que dedicar para aprobar sus cursos.

Contra el facilismo. El profesor Haba, a lo largo de su carrera, ha tenido la valentía de enfrentar el facilismo, la presión de que, inexorablemente, cierta cantidad de alumnos tiene que aprobar a como dé lugar. El prefirió soportar la crítica y la presión, antes que dejarse vencer por las costumbres tercermundistas del mundo académico presentes en el área del Derecho, sin duda, una de las carreras universitarias más fáciles, no por la materia en sí, sino por la forma en que se imparte.

Si la Facultad de Derecho de la UCR finalmente confirma el rechazo del nombramiento de don Pedro como profesor emérito, pese a sus contribuciones, décadas de servicio con calidad, enorme producción intelectual y dedicación a los estudiantes, estará en realidad autocercenándose una oportunidad de ratificar la excelencia académica y la formación crítica, reflexiva y honesta, como metas primordiales de una casa de estudios universitarios. La reputación de don Pedro, nacional e internacional, permanecerá incólume.

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