Costa Rica, Viernes 23 de noviembre de 2007

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Álvaro Lobo Castro

Sin aguijones en la conciencia

 En defensa de mi honor y el de 70 profesionales honorables

Auditor interno, ICE

Hace bien La Nación (14/11/07) , al residenciar en dos compañeros subalternos de este servidor la responsabilidad de los cuestionamientos de los que he sido objeto en el ejercicio de mis deberes como auditor interno del Instituto Costarricense de Electricidad. Esos cuestionamientos que, sin duda, afectan mi honor, deben ser aclarados por respeto al periódico, a mis compañeros de trabajo, al ICE y a mi familia.

Contratación de asesoría. Existe una denuncia, debidamente firmada y presentada ante la Contraloría General de la República, en la que se me atribuye, junto a otros seis estimables profesionales de la Auditoría, la comisión de una serie de hechos dolosos en el trámite de un requerimiento de contrato de asesoría profesional para capacitación en mejoramiento de calidad de los servicios que presta la Auditoría del ICE. Tal requerimiento fue formulado como parte del debido cumplimiento del Plan Estratégico de la Auditoria del ICE –en cuya formulación participaron los denunciantes– y en atención a los resultados del proceso de Autoevaluación de la Auditoria Interna –en el que también participaron los denunciantes– y el Estudio de la Estructura de Control Interno Institucional.

De esos y otros documentos se desprendió el requerimiento de desarrollar un vigoroso proceso de capacitación al personal de la Auditoría que, entre otras cosas, agregara valor a las actividades del órgano en una empresa que, muy pronto, deberá enfrentar el reto de la competencia. No es este el momento de ventilar los detalles de ese proceso contractual, toda vez que, tal como gestionaron los subalternos denunciantes, se encuentra en estudio contralor. El resultado final de la investigación realizada por la Contraloría con base en la denuncia presentada por los firmantes aún no se ha producido. Ya llegará el momento de referirse a este asunto.

Sobre mi nombramiento. Los “cuestionantes” han tratado de presentar mi nombramiento en el cargo de Auditor Interno del ICE como un acto político. Olvidan y ocultan que mi nombramiento fue el resultado de un concurso en el que quienes sí cumplíamos los requisitos pudimos participar. No tengo culpa de que otros compañeros, que podrían haber estado interesados en el puesto, no participaran por las razones que fueran; quizás no cumplían los requisitos, quizás reconocieron que sus atestados no eran suficientes para competir. En mi caso, fui escogido con base en mis atestados, que se resumen en 4 años como auditor de la Contraloría General de la República, 16 años como jefe de Contabilidad del ICE, 8 años como subjefe y, posteriormente, jefe de la Dirección de Administración de la misma institución y 13 años como profesor universitario. Como se ve, no fui ni inventado ni emergente ni ungido para el cargo que desempeño.

Desempeño como auditor. Es impropia la autocalificación. Tal cosa podría ser tomada como presunción. Dejo tal labor a quienes, sean mis superiores o mis compañeros, conocen mi labor y no tienen animosidad para dar un veredicto justo. Baste decir que, en este tema, es motivo de mi más elevada satisfacción el haber liderado un grupo de trabajadores profesionales que ha sabido llevar la Auditoria del ICE a elevados niveles de cumplimiento de las normas contenidas en la Ley de Control Interno que, por su novedad, complejidad y exigencia se han convertido en un verdadero desafío para todos los órganos contralores públicos.

Allí están los reglamentos, los procedimientos, las estructuras creadas y los resultados obtenidos. Ese es el fruto de un trabajo dedicado, experto y riguroso de un importante número de personas, no solamente el mío. No necesito defenderme, mi vida y trayectoria son defensa suficiente para enfrentar los embates de mis “denunciantes y cuestionadores”. Pero, creo que, como jefe de la Auditoría, debo salir en defensa de 70 profesionales buenos, comprometidos y que han sabido dar la talla ante los retos.

Los demás decires de mis “cuestionadores”, por su evidente mala fe o carencia absoluta de fundamento no merecen, siquiera, una referencia. Estoy tranquilo, con la tranquilidad que da una vida de servicio publico de más de tres décadas sin una mácula en mi expediente, sin una llamada de atención y, sobre todo, sin un aguijón en mi conciencia. Los daños que mis “denunciantes y cuestionadores” han producido a mi honor, reputación y tranquilidad serán materia de otros procesos y en otros momentos.

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