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EDITORIAL |
Paso firme del Banco Central
Ayer, el cambio provocó un ajuste ordenado a la baja en las cotizaciones de compra y venta de divisas
La reducción en la inflación a mediano plazo compensará el efecto en las exportaciones de la posible apreciación del colón
La decisión del Banco Central de modificar los límites de las bandas cambiarias, particularmente de la banda inferior, es un paso firme hacia la liberalización del tipo de cambio. El objetivo inmediato es permitir que las cotizaciones se acerquen más al precio de equilibrio que prevalecería en un mercado libre, y el objetivo a mediano plazo es poder retomar el control de la política monetaria para disminuir la emisión asociada con la compra de divisas excedentarias y, así, controlar las causas que originan la inflación y llevarla a niveles más competitivos en el plano internacional. Ambos objetivos son loables y totalmente factibles, aunque haya que dar un compás de espera mientras se logran.
La decisión se enmarca dentro de una serie de acciones y resoluciones adoptadas recientemente por el Banco Central, dirigidas a lograr mayor flexibilidad y seguridad cambiarias. Tal es el caso de la mayor apertura otorgada a las entidades financieras para poder variar su posición patrimonial en moneda extranjera (hasta en un 3% del valor del patrimonio), la libertad a las entidades para cotizar sus compras y ventas en el mercado oficial (MONEX), los cambios en el reglamento para las transacciones en divisas y para poder ofrecer coberturas cambiarias. También se ha anunciado que en el futuro, cuando el margen entre la banda superior e inferior sea suficientemente amplio, se dejará fluctuar el tipo de cambio para que la oferta y la demanda determinen el equilibrio, reservándose el Banco Central la potestad de intervenir para mitigar movimientos indeseados en el mercado.
El primer día de operaciones con las nuevas bandas cambiarias provocó un ajuste ordenado a la baja en las cotizaciones para la compra y la venta de monedas extranjeras en el mercado cambiario, como era de esperar. Y eso era, precisamente, lo que anticipaba el Banco Central. Al acercarse más las cotizaciones en el mercado oficial (MONEX) al tipo de equilibrio, mayor será el grado de equilibrio entre la oferta y demanda de divisas, y menor será la intervención subsiguiente del Banco Central. Y conforme se vayan haciendo mayores ajustes en las bandas cambiarias, mayor será el acercamiento al tipo real de equilibrio, hasta que las cotizaciones se vuelvan a meter dentro de las bandas. Y a partir de ese momento el Banco Central podrá dejar de intervenir, concentrándose de lleno en la política monetaria. Controlar la inflación será, entonces, su preocupación principal.
Varios argumentos se han esgrimido en contra de la resolución adoptada por el Banco Central. Sin embargo, aunque sean total o parcialmente atendibles, ninguno tiene plena validez frente a los objetivos mediato e inmediato enunciados anteriormente. Si bien, a corto plazo, la moneda nacional podría apreciarse y afectar un poco la rentabilidad de las exportaciones, ese efecto se compensaría a mediano plazo con la reducción de la inflación y, por consiguiente, de los costos internos que también afectan la rentabilidad de los exportadores. Igualmente se ha dicho que la medida podría atraer capitales especulativos, dadas las expectativas de devaluación y la certeza de que el tipo de cambio se devaluará según una pauta preestablecida. Sin embargo, se debe tener en consideración que en las últimas seis semanas el excedente de divisas en el mercado oficial se ha reducido significativamente, al punto de minimizar la intervención oficial y el aumento de divisas por ese concepto. Si el tipo de cambio está llegando a su nivel de equilibrio, mal harían los especuladores en asumir los riesgos inherentes a un mercado libre. Además, el Banco Central le da seguimiento cotidiano a los factores que influyen en la oferta y demanda de divisas y sabe muy bien por qué adoptó la decisión en las circunstancias actuales.
En ese contexto, se debe notar que la economía nacional está atravesando por un buen momento. El crecimiento de la producción se mantiene elevado, las exportaciones han crecido dinámicamente, la inversión extranjera financia holgadamente el déficit de la balanza de pagos, el desempleo es bajo, las reservas monetarias internacionales han alcanzado los niveles más altos de la historia hacendaria, las situación fiscal es envidiable y hay confianza en el manejo de la política económica. Es, quizás, el momento más propicio para avanzar en el proceso de liberalización cambiaria. Por eso creemos que la decisión del Banco Central es acertada, al igual que la disposición publicada recientemente de ajustar las tasas de interés para evitar el deterioro patrimonial de los ahorrantes costarricenses. Esperamos que se continúe por la misma ruta y que pronto se pueda implantar el sistema de metas de inflación para poder reducir aún más el crecimiento de los precios y, así, proteger el ingreso real no solo de los ahorrantes, sino también de los trabajadores costarricenses.
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