Costa Rica, Miércoles 21 de noviembre de 2007

/OPINIÓN

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Esteban Porras Zúñiga

El Estado y nosotros

 Un diputado no debe olvidar que el pueblo es quien lo tiene en la Asamblea Legislativa

Estudiante

El Estado nos sale al encuentro en sus representantes cuando los individuos participan en la vida de ese Estado y se saben responsables de él. El Estado nunca descansa en personas concretas, sino que crece desde los opuestos mediante la acción creadora.

Se cuenta de un gran político que tenía una manera muy peculiar de enfrentarse a sus oponentes: los escuchaba primero y luego extraía todo lo correcto de las palabras del contrincante y, tras haber reconocido lo valioso, hacía que el contrincante se sintiera que lo habían tomado en serio, para luego darle el “pero”. De esa pugna creadora, iba obteniéndose la unidad: Estado.

La gran asamblea. Diversos puntos nos unen: la sangre, el destino, la empresa, la lengua y sobre todo el destino del país. Y como existen los opuestos también existen temas en los que no estamos de acuerdo, por lo que hoy más que nunca es necesario conciliar esa división de intereses.

El fanatismo es fatal, dijo una vez una diputada opositora al TLC; sin embargo, estos son los mismos que después de comprometerse a no obstruir la aprobación de la agenda de implementación y a comprometerse al dialogo, rompen el quórum legislativo y usan de forma desmedida el tiempo y las mociones.

La persona es libre y, cuando afirma que actuará de tal modo y no de tal otro, se está atando a sí. El Estado se construye mediante las promesas y contratos, de ahí la importancia de no querer jugar a ambos bandos.

Aumentar la representación. Cuando un diputado llega a la Asamblea, no debe olvidar que está ahí por el pueblo que lo ha enviado, que las convicciones que debe defender no son solo las suyas o las de su partido, sino las de una comunidad y que su tarea es reunir conocimientos, objetivos y voluntades.

A nosotros, por tanto, es a quienes representan y, cuando no actúan de acuerdo a la voluntad popular, es a nosotros a quienes deshonran. Una mayoría fue la que les envió y una mayoría fue la que aprobó la conveniencia de un tratado comercial con Estados Unidos, por lo que la democracia ya hizo su parte, ahora es tarea de la asamblea el resto.

Luis XIV dijo en cierta ocasión, con la arrogancia del monarca absolutista: “El Estado soy yo”. El Estado no es una cosa terminada, sino algo que está en constante cambio, que se hace; y deberíamos todos asumir esa misma postura, porque el Estado somos nosotros.

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