![]() |
PÁGINA QUINCE Guillermo Malavassi V. |
Los caminos que llevan a Dios
Los cielos cantan la gloria divina y el orbe anuncia su majestad…
Filósofo
Cuando se miran las relaciones del hombre con Dios, desde las épocas más antiguas hasta el presente, se pueden hallar todos los caminos que han seguido para ir al conocimiento, al culto y al encuentro con Dios.
Uno es contemplar la maravilla inconmensurable del universo, que ha constituido la escala más usada para ascender a Dios y conocerlo a través de sus obras: los cielos cantan la gloria divina y el orbe anuncia su majestad…
Los hombres, además, han encontrado en su observación sobre la naturaleza, sobre el prójimo, sobre sí y sobre la admiración que esto les causa y la necesidad de explicación y de comprender de dónde venimos y a dónde vamos, los argumentos que los más altos pensadores han encontrado para llegar desde la finitud hallada en lo que les rodea, hasta la explicación suficiente de todo ello.
Ser Necesario. Así, entre todas estas argumentaciones, las clásicas cinco vías de Santo Tomás de Aquino, con todo el antecedente de los principios en que se fundan, sintetizan la expresión argumentativa que lleva a reconocer la necesidad de un primer Ser que dio movimiento y vida a todo; de la primera causa incausada cuyos efectos son el universo entero; del Ser Necesario que explica el por qué pueden existir todos los demás, que son seres contingentes, ninguno de los cuales, excepto Aquel, tiene en sí mismo la razón de su propia existencia; el Ser causa de las cualidades que en proporciones diversas existen en las cosas, ya que estas solo participan del bien y en Aquel están, en fuente inagotable, todas las perfecciones; del orden en el gobierno de los seres de la naturaleza, explicable porque un Gobernador sabio del universo todo lo rige con orden y medida. Y a ese Ser último en cada caso se le llama Dios.
También los hombres han comprendido que Dios es condescendiente. Como somos débiles para “ascender” por la trabajosa vía del filosofar hasta Él, lo que no es para todos por diversas razones, entonces Él se ha convertido en el Dios condescendiente que envía a los hombres caídos y llenos de incertidumbre por no conocer su origen ni su destino, una carta, una noticia, que es la Sagrada Escritura. De este modo, la Creación y la Escritura se completan: mediante la Escritura el hombre puede descifrar la creación y comenzar a entender el plan amoroso y salvífico de Dios, su origen y su destino.
Pero hay más. El mismo Dios baja, se encarna, es Dios con nosotros; se hace hermano de los hombres hasta dar por nosotros su vida con muerte en cruz. Podrán entonces decir con el convertido San Agustín: Señor, nos hiciste para Ti y muy inquieto estará nuestro corazón hasta que no descanse en Ti.
Es tanto el amor del Creador, que tras todas esas indicaciones que los hombres reciben, se agrega otro paso de Dios hacia el hombre: el principio vital y dinámico que es el Espíritu Santo, cuya acción en quien lo recibe es transformar la realidad del mundo: Dios entra en la existencia misma cotidiana de los hombres y transforma a quien pide y quiere aceptar sus dones.
El otro gran camino es experimentar hacia otros y desde otros el amor cristiano, incomprensible para aquellos que no lo han gustado. Desde hace siglos millares de místicos han experimentado la llama del más ardentísimo amor en sus corazones. Sobre una región de la tierra –decía Teilhard de Chardin– apareció una zona de pensamiento, en la cual creció un verdadero amor universal, revelado como psicológicamente posible y prácticamente operante. Esto para la ciencia del hombre constituye fenómeno de capital impor-tancia. Y ese amor no desaparecerá de la faz de la tierra.
Feliz e interminable. Y queda finalmente la vía experimental que todos hemos de recorrer: el paso de esta vida hermosa pero limitada, a la otra, más hermosa, más feliz e interminable. Creyentes y menos creyentes, una vez que pasemos por el inevitable trance de la muerte, podremos experimentar vivamente la presencia grandiosa de Dios. Y las dudas –para el que las tenga– desaparecerán para siempre.
¿Por qué algunos se empeñan en desconocer la existencia de Dios? Unos porque nadie les ha explicado, y otros por lo que dice la Escritura: porque dijo el necio en su corazón, no hay Dios. Y lo dijo por eso, por necio.
Pero Dios igualmente los ama –Dios es el Amor mismo– y seguro más que a los otros, porque así es Dios de amoroso.
FOTOS

EN VELAJULIO RODRÍGUEZ |
EN GUARDIAJORGE GUARDIA |
AL GRANOEDGAR ESPINOZA |
OJO CRÍTICORODOLFO CERDAS |
ENFOQUEJORGE VARGAS |
POLÍGONOFERNANDO DURÁN |
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |
||||