|
Santiago Manzanal B. |
Un presidente idiota
La estulticia de Chávez no es ingenua ni bondadosa, y sí perjudicial
Filósofo
Ahí siguen, desde larga data, la estupidez, la imbecilidad, la estulticia y la idiotez, que, sutilezas aparte, vienen a ser lo mismo. Así dichas, corresponden a meros conceptos o abstracciones que, como tales, nada y a nadie perjudican. Quedan solo como palabras registradas en los diccionarios y... todos contentos. Pero la vida no es tan cómoda como quisiéramos. Y ahí están también los encargados de que cobren realidad: los idiotas, que son legión y nos acompañarán por los siglos de los siglos.
Una de las inestimables, casi orgásmicas, satisfacciones de estar en la llanura, entre el hombre anónimo de la calle, sin importancia ni influencia sobre apenas alguien, es la libertad de llamar a las cosas por su nombre, sobre todo en un mundo donde un cierto candor, no exento de hipocresía, convierte a las prostitutas –con todo su inalienable derecho a serlo– en “trabajadoras del sexo” o a los ciegos en “invidentes”, por citar dos ejemplos, que la lista es larga. Un idiota es exacta y llanamente eso: idiota, y no “corto de entendimiento”.
Continencia verbal. Pero no ocurre lo mismo –ni se puede ni se debe– cuando uno ocupa ciertos cargos o en las altas esferas de la diplomacia entre los estados, cuyos representantes están obligados a la continencia verbal para no convertir su boca en una cloaca. En ese intrincado universo, maneras, poses, estilos y signos adquieren tal relevancia, que son parte del contenido y del discurso. La recomendación usual es tener mano firme con guante de seda.
Eso lo sabe bien el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pero, como la “mujer del César debe ser honrada y, además, parecerlo”, por extensión hace gala de que el idiota no solo ha de serlo, sino también exhibirlo y demostrarlo. En ese afán, Chávez viene sentando cátedra desde hace tiempo con sus invectivas, insultos y descalificaciones a troche y moche, hasta graduarse con honores en la reciente Cumbre Iberoamericana de Chile. Había que aprovechar el despliegue mediático de una cita continental para, una vez más, airear desplantes y provocaciones, junto con ese histrionismo burdo, vociferante, repelente, en el que Chávez se lleva la palma.
Sin embargo, ahí no acaba todo. Chávez se toma las cosas en serio, como Dios manda, y, si de imbecilidad se trata, pone toda la carne en el asador y la estulticia en el caletre. De esa forma, la idiotez le sale bordada por el perfecto maridaje de su manifestación con su interiorización. Una vez instalada en el cerebro, ya todo es posible.
Destructiva unión. El caso de Chávez dista mucho del de Liov Nikoláyevich Mischkin, personaje central de El príncipe idiota , una de las novelas más representativas de Dostoievski. La idiocia de Mischkin hunde sus raíces en una ingenuidad y bondad excesivas, rayanas en el infantilismo, que le hacen ganar el apodo de “idiota”, pero se trata de un ser inofensivo y puro, víctima a la postre de sí y de sus prójimos. La estulticia de Chávez, en cambio, no es ingenua ni bondadosa, y sí perjudicial. Y es que la unión del poder político con la imbecilidad es terriblemente destructiva: se lleva por delante generaciones enteras. ¡Pobre Venezuela!
La estupidez de Chávez tiene que ver, eso sí, con aquel Manual del perfecto idiota latinoamericano escrito hace una década, cuyo solo título levantó ampollas por doquier. Chávez lo cumple a cabalidad, y ha perfeccionado con fruición y generosidad lo que decía Mario Vargas Llosa en el prólogo: “La idiotez que impregna este manual no es la congénita (...). Ella es ideológica y política, pero, por encima de todo, frívola (...). Lo que en verdad va diseñando el libro... es algo que aglutina y explica todas esas aberraciones, equivocaciones, deformaciones y exageraciones delirantes que se hacen pasar por ideas: el subdesarrollo intelectual”.
Todavía resuenan las palabras del rey de España a Chávez: “¿Por qué no te callas?”... Majestad, permitidme secundar vuestro enfado y unir a vuestra solicitud la mía, aunque todo será en vano: ¿Por qué no te vas?
EN VELAJULIO RODRÍGUEZ |
EN GUARDIAJORGE GUARDIA |
AL GRANOEDGAR ESPINOZA |
OJO CRÍTICORODOLFO CERDAS |
ENFOQUEJORGE VARGAS |
POLÍGONOFERNANDO DURÁN |
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |
||||