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EDITORIAL |
Desencuentros nacionales
El “ Estado de la nación” de este año revela avances y reitera importantes retos
En el eje de nuestro desarrollo, está tomar oportunas decisiones políticas
Este año, al igual que los 12 anteriores, el informe Estado de la nació n nos ofrece la oportunidad de observar el país desde una multiplicidad de interesantes perspectivas, sustentadas en una sólida recopilación de datos y análisis documentales. Está enriquecido, además, con dos “aportes especiales”, sobre las elecciones del 2006 y la necesidad de reformas al sistema procesal penal, y con un “miniforo”, centrado en la generación y empleo de energía eléctrica. Ante tal diversidad de elementos, cualquier valoración de los hallazgos y desafíos que presenta el estudio debe partir de la selección y la síntesis en torno a los aspectos que mejor caracterizan nuestro “estado de situación” nacional.
Al repasar sus páginas desde tal perspectiva, una conclusión salta a la vista: en el 2006 (año en que se centra el análisis), el país experimentó mejoras importantes. Entre ellas, cabe citar la llegada de un gobierno con mayor sentido de rumbo e iniciativa legislativa –tras elecciones que, según el mismo Informe, fueron limpias y justas–, la mejora sustancial de la situación fiscal, la consolidación del crecimiento económico, la expansión de la demanda interna y el aumento en el ingreso promedio de los asalariados. Sin embargo, entre esas mejoras e importantes desafíos sociales y ambientales, se mantuvieron una serie de “desencuentros”; entre ellos, la desigualdad y la pobreza, y la dificultad para regular el impacto de varios proyectos inmobiliarios, especialmente de índole turística, sobre el entorno.
Es decir, en palabras del Informe, Costa Rica tiene una buena concentración de “energías sociales, económicas y políticas”, pero, como sucede con el delta de un río, “en lugar de encontrarse en un cuerpo de aguas de mayor caudal y fuerza, se desparraman sin orden ni concierto, perdiendo empuje”. Para corregir esta situación y “alinear” nuestro potencial con el aprovechamiento de nuestras oportunidades, el texto advierte que la tarea es, esencialmente, política, algo que en múltiples ocasiones hemos expresado desde estas mismas páginas.
Coincidimos con su advertencia de que el potencial transformador de la política nacional no puede basarse ni en “el empleo cada vez más frecuente de la Sala Constitucional” para resolver problemas, ni en los referendos, que son mecanismos excepcionales. Se trata, al contrario, de “una responsabilidad que, en primer lugar, recae sobre el conjunto diverso y disperso de las fuerzas políticas y sociales, viejas y nuevas”. Es decir, necesitamos mecanismos fluidos y regulares para forjar acuerdos que redunden en buenas y oportunas decisiones. Y en esto, añadimos nosotros, buenos partidos políticos y un buen reglamento legislativo son claves.
La importancia de la política se ha puesto de manifiesto con las mejoras sociales reveladas por la última Encuesta de hogares, la cual, por razones de tiempo, el Informe no considera. Gracias a una mezcla de crecimiento sustentado en adecuadas políticas macreoeconómicas, al dinamismo del comercio internacional, a los avances en ciertos “encadenamientos” productivos y a una política social mejor orientada desde el Gobierno, este año logramos reducir la pobreza en poco más de tres puntos porcentuales, mejoraron las oportunidades laborales, sobre todo para los jóvenes y las mujeres, se incrementó el empleo formal y aumentaron las cotizaciones a la Caja Costarricense de Seguro Social.
No obstante, los verdaderos avances, en crecimiento, calidad de vida, inclusión social, representación y estabilidad política, necesitan un cambio de timón para concertar acuerdos y tomar decisiones. El mejor clima de trabajo que existe en la Asamblea Legislativa abre esperanzas. Sin embargo, el Informe advierte, de nuevo con acierto, que, para evitar que se prolongue “la situación de bloqueo y paralización” que tanto daño nos hace, será necesaria “una buena dosis de pericia y pensamiento estratégico” por parte de nuestros dirigentes, y una ciudadanía más involucrada en la deliberación y escrutinio de los asuntos públicos. Si lo logramos, nuestro gran potencial como país adquirirá el dinamismo que merecemos.
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