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Laura C. Blanco | mina1001@hotmail.com |
Educación y grupos de interés
Deberíamos apoyar las iniciativas del MEP, que son lo correcto
Economista
En febrero pasado, se publicó un decreto para regular los estímulos que el Ministerio de Educación Pública (MEP) otorga a algunos centros docentes privados. Este reglamento define los tipos y condiciones según las cuales el MEP traslada recursos públicos a entes privados con miras en la equidad social y cierra un portillo al clientelismo político tan arraigado en esta institución.
¿Por qué en un país donde el marco legal da facilidades para instalar centros de enseñanza privada, además debe destinarse recursos públicos para fomentar dichas actividades? Si se considera que en nuestro país el 91% de la educación es pública, que el Gobierno, en promedio, apenas invierte cerca de ¢355.000 al año por estudiante en los centros de enseñanza estatal y la educación privada está reservada a un nicho de mercado con alto poder adquisitivo, el mejor incentivo a la educación privada debería ser contar con un marco regulatorio claro que permita desarrollar un mercado para aquellas personas que optan por un sistema educativo diferente al oficial.
Nada justo. No obstante, además el MEP gira alrededor de ¢5.000 millones anuales a entes privados, hasta ahora sin mayor control. Se estaba financiando parte de los costos operativos a 67 centros privados, dentro de los que se incluyen algunos con mensualidades superiores a ¢100.000. Es decir, incluso se subvenciona a instituciones que en un trimestre reciben por la venta de sus servicios educativos lo que el MEP invierte a lo largo de un año en 1 estudiante en el sistema público. ¿Es esto justo, equitativo, razonable o proporcionado?
Tras estudiar esta situación y acatando órdenes de la Contraloría, se dictó el Decreto 33550-MEP, que limita el giro de recursos a la educación privada exclusivamente para aquellos centros sin fines de lucro que cumplan una función social especialmente importante de conformidad con el interés público, dando prioridad a aquellos centros que ofrezcan sus servicios en zonas donde existan limitaciones socioeconómicas o de acceso a la educación, así como a los que cubren poblaciones con necesidades educativas especiales. Esto último viene a formalizar el apoyo que el MEP le ha dado a los centros de atención integral a personas adultas con discapacidad (Caipad), que permite la firma de contratos en que ambas organizaciones se comprometen a trabajar a favor de esta población.
Atroz desenlace. Por otra parte, si bien el MEP está obligado constitucionalmente a incentivar la educación privada, debe reconocerse que el estímulo no puede aplicarse indiscriminadamente pues, de hacerlo, el desenlace sería atroz: el Estado estaría motivando –indirectamente– a la clase media para que se saliera del sistema educativo público, lo que terminaría por dejarnos un sistema de educación pública “para pobres”, que suele ser un sistema “pobre”. Consciente de este peligro, el Gobierno ha intentado poner orden con el mentado decreto.
Evidentemente, esta puesta en orden ha suscitado diferentes reacciones: mientras los Caipad acogieron el decreto viendo la oportunidad que les ofrecía para formalizar su relación con el Ministerio; otro grupo, Anadec, se ha opuesto férreamente a él. Algunos de estos centros han llegado al extremo de pedir que se les exima del trámite y estudio correspondiente y que, obviando los artículos 38 y 52 de la Ley contra la Corrupción y el Enriquecimiento Ilícito, se les permita a estos entes privados “escoger” al personal que sería contratado por el MEP (un privado escogiendo a dedo a una funcionaria pública). Este es el comportamiento típico de un grupo de presión que busca su beneficio sin someterse a los mecanismos de rendición de cuentas. En estos momentos, cuando el Ejecutivo está dando señales claras de querer fortalecer al Estado solidario y el sistema de educación pública a través del uso eficiente de los recursos y el ordenamiento de prioridades en la atención a la población, deberíamos estar apoyando las iniciativas ministeriales sencillamente porque son lo correcto.
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