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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com |
En Guardia
Economista
Mi buen amigo y colega Alberto Franco se lanzó a debatir con entusiasmo las causas de la pobreza y desigualdad en Costa Rica y en el mundo entero. Se le nota muy afiladito, al día en las cifras de la Encuesta de Hogares y los estudios más recientes. Hay que darle bola.
En su primera intervención dijo que la desigualdad había mejorado en Costa Rica por haber disminuido la brecha (promedio) entre los quintiles más rico y más pobre de la población ( La Nación , noviembre 6). Eso es cierto. Pero olvidó que los ingresos de la clase media y media-baja sufrieron deterioro, por lo que la desigualdad total, medida por el coeficiente de Gini, aumentó. En la segunda glosa se redimió. Y se rajó con un buen recuento de las causas de la desigualdad y sus posibles soluciones, ( La Nación , noviembre 12). Ahí se las dejo de tarea.
¿Por qué es más fácil disminuir la pobreza que la desigualdad en un mundo globalizado? Según el FMI, los resultados de la globalización son mixtos: la apertura comercial contribuye a reducir la pobreza y desigualdad, pero la liberalización financiera e inversión extranjera directa producen el efecto contrario. Concentran la distribución. La razón –explican– es que, junto al vertiginoso desarrollo tecnológico, incrementan la demanda por trabajadores especializados, en detrimento de los obreros con menor preparación. Aquellos, obviamente, ganan más que estos, aunque los salarios mínimos generales restituyan la pérdida salarial por la inflación. Así nace la desigualdad.
¿Sería lógico coartar el desarrollo tecnológico o rebanar los salarios crecientes para forzar mayores niveles de igualdad? Claro que no. Equivaldría, por así decir, a desplumar el ave de los huevos de oro. El desarrollo tecnológico y la especialización son fuentes irreversibles de progreso. Tampoco se pueden proteger indefinidamente las formas obsoletas de producir, sin castigar a los consumidores pobres. Es una encrucijada difícil de resolver a corto plazo. ¿Habrá que cambiar el modelo económico?
Pienso que no. Las diferencias en productividad son innatas al ser humano. Pero tampoco es de permanecer indiferentes. A largo plazo, los esfuerzos en educación, sobre todo pública, mejoran las oportunidades de los más pobres. Y, para financiarla, es justo gravar a los que están ganando más. Pero Hacienda engavetó la reforma tributaria. ¿Por qué tan calladito, Memito? Recuerde que no le conviene dar una sorpresa tratando de gravar más a la clase media ni desincentivar con cargas excesivas a los más productivos. Porque el Estado nunca podrá sustituir la productividad del esfuerzo individual. Solo Tatica Dios.
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