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Laura Zúñiga Jiménez |
En franco deterioro
Administradora de empresas
Ante tanta problemática y hasta descaros que se ven en el país, es necesario meditar. La lista contempla accidentes de tránsito, asesinatos, robos, homicidios, agresión sexual, agresión doméstica, tráfico de drogas... y sigue. Son temas de todos los días y se agravan más cada vez. Es indiscutible que la sociedad está en vías de deterioro, por más progreso que se predique, por más tratados de libre comercio, por más bajos intereses en los bancos, por más empleos que se abran, por más leyes que se dicten. No es ninguna ganga ser una sociedad próspera en lo económico si es pobre en su propia esencia, en su alma.
La base de la sociedad es la familia y la de esta es el matrimonio, como estipula la Constitución. Empecemos por ahí, dado que se ven tantas bodas solo por interés, por lujuria y pasión del momento, divorcios a diestra y siniestra, e irrespeto al cónyuge.
Hay una cadena o círculo vicioso conformado por familias desintegradas, hijos e hijas al garete, sin guía, sin valores inculcados, que hacen lo que les viene en gana en escuelas y colegios. Jóvenes y niños buscan consuelo y consejo, que no reciben de sus padres, en las drogas, el alcohol, sectas obscuras, el sexo, etc.
Juntos pero aislados. Los desayunos, almuerzos y cenas familiares, en que se compartía, se oraba por los alimentos y se conversaba, y que eran momentos en los que se respetaba el círculo familiar, sentados todos alrededor de la mesa con muchísimo agradecimiento, son cuestión del pasado en la mayoría de los hogares. Lo moderno y lo usual es el microondas, el televisor encendido, almuerzos o cenas en la oficina, el celular, el sándwich en el cole o “yo como en el cuarto, papi en la computadora y mami ve la novela”. Incluso, cuando se coincide a la misma hora en casa, no se aprovecha la comunión familiar, y menos el orar o dar gracias a Dios por los alimentos, el leer la palabra de Dios y meditar en ella.
Y, aun así, nos preguntamos por qué tantos asaltos, muertes, accidentes, drogas y alcohol. Creo que es producto no solo de la falta de Dios en nuestros corazones, sino también de la falta de amor al prójimo, y la falta de perdón, de respeto, de valores y de unión familiar.
Combate casero. Coincido con el licenciado Christian Hess ( Página Quince , 12/10/07): esta es una enfermedad que se debe combatir en las familias, en los centros educativos, en los centros penales, en los templos, en los lugares de trabajo, no solo desde la Asamblea Legislativa. La crisis es moral.
Nunca es tarde para recapacitar, cambiar el ritmo y luchar por ser una mejor persona, tener un mejor hogar y querer hacer, con el aporte de cada uno, una mejor sociedad, una mejor Costa Rica.
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