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José María Figueres Olsen |
Cohesión social en Latinoamérica
El reto consiste en lograr dos cosas hacia el futuro: mejor Estado y más mercado
José María Figueres Olsen, expresidente de Costa Rica (1994-1998), es asesor internacional del Patronato de Fride y DARA, dos organizaciones sin ánimo de lucro con sede en España.
Hoy y mañana se celebra en Santiago de Chile la XVII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno. Este año, el tema es la Cohesión Social y el Crecimiento Económico.
El punto de partida para un análisis sobre cohesión social en Latinoamérica está constituido por tres realidades. Primero, el crecimiento económico que durante los últimos años hemos experimentado en la región de forma sostenida. Segundo, que, pese a ese auge, seguimos siendo, para nuestra vergüenza, el continente con mayor desigualdad. Y tercero, que, gracias a la nueva amplitud que nos permite el crecimiento económico logrado, hoy empezamos a cuestionarnos mucho más en serio cómo actuar para disminuir la pobreza y la desigualdad. De aquí surge entonces la oportunidad para conversar sobre cohesión social.
Debemos nuestro crecimiento sin paralelo durante estos últimos 5 ó 6 años principalmente a dos factores: la bonanza sostenida de la economía global y el crecimiento de China. Estos dos factores le han metido un verdadero “jalón” a las economías latinoamericanas. Ambos factores también apuntan a que el mundo se desplaza de la vieja relación alrededor del Atlántico (Europa y EE. UU.) hacia el nuevo auge alrededor del Pacífico (China, India y sus vecinos).
Frente a esta realidad, el reto latinoamericano consiste en cómo aprovechar mejor esta bonanza para lograr dos cosas hacia el futuro: “mejor Estado” y “más mercado”. Con “mejor Estado” –es decir, con mejores políticas e instituciones públicas–, podremos cambiar el paradigma de nuestro desarrollo hacia el desarrollo sostenible. Esto pasa por generar una visión de mediano y largo plazo (la cohesión social no se logra en menos tiempo), que nos permita alinear las decisiones del corto plazo. Y, además, requiere poner igual énfasis sobre lo económico, lo social y lo ambiental.
Con “más mercado” –es decir, con mejores marcos regulatorios que permitan al empresariado desplegar todo su potencial–, podremos reforzar nuestra competitividad regional para que mañana sigamos creciendo no solo con el “jalón” externo, sino también gracias al “empujón” competitivo interno.
Queremos competitividad basada en la eficiencia, la incorporación de la tecnología y el valor agregado. No queremos competitividad basada en salarios bajos o en la depredación del medio ambiente.
Sobre estos dos pilares, “mejor Estado” y “más mercado”, podremos aumentar la cohesión social. Para facilitar y acelerar este proceso que a todos nos interesa, podemos implementar algunos programas, contando con nuestro trabajo y con la solidaridad de otros. En este sentido, propongo seis acciones concretas.
Carga impositiva. Primero, necesitamos subir la carga impositiva en Latinoamérica. Con el auge económico de la región, este es un buen momento para hacerlo. Guillermo de la Dehesa en España habla de la “Regla 20-40”. Se refiere a que, con una carga impositiva por debajo del 20% del PIB, un país no se puede desarrollar, y, por encima del 40%, el empresariado huye. Latinoamérica, en promedio, está por debajo del 20%. Finlandia y Suecia rondan el 40%, son países muy competitivos y al mismo tiempo tienen a Nokia e IKEA, dos empresas líderes en sus sectores a nivel global.
Fondo de Cohesión Social. Segundo, en paralelo con el aumento de la carga impositiva, pensemos en constituir un Fondo de Cohesión Social “a la europea”, con el aporte de nuestros bancos regionales de desarrollo. España y Portugal son los mejores ejemplos de lo que estos fondos de cohesión social han sido capaces de lograr. Hay que tener claro, sin embargo, que los fondos de cohesión social en Europa han sido, más bien, fondos de cohesión territorial o entre regiones, puesto que la cohesión social se logra internamente en los países. Lo que sí permiten los fondos de cohesión social a la europea es que, al financiar obras como infraestructura, liberan recursos nacionales para que estos puedan ser invertidos en programas sociales. Asimismo, cabe recordar que es necesaria ¡una buena institucionalidad que gestione con eficiencia estos fondos!
Innovación e intercambio. Tercero, teniendo en cuenta la relación entre el PIB y la conectividad, implementemos un programa para la innovación y el intercambio de las mejores aplicaciones de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), que ya tenemos en la región. Si adoptamos lo que ha hecho Chile en cuanto a compras del Estado en línea, Brasil en cuanto a telemedicina, Costa Rica y ahora Colombia en cuanto a e-educación, seremos mucho más eficientes y competitivos. La Segib y la Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (Ahciet) tienen esto listo; requieren un pequeño fondo de cooperación horizontal de unos $5 millones para impulsar el programa hasta que logre masa crítica. Asimismo, tenemos en la región más de $3.000 millones en fondos sin utilizar para invertir en este campo, provenientes de las privatizaciones del sector de las comunicaciones.
Programa masivo de becas. Copiemos y combinemos el programa europeo “Erasmus”, de intercambio de estudiantes universitarios, con el programa de becas para posgrado de la Fundación Carolina en España. En la región, mucho podemos aprender los unos de los otros. Facilitar intercambios de estudiantes universitarios entre nuestras universidades tiene muchísimo sentido. Complementar esto con un programa masivo de becas para estudios de postgrado en Europa y EE. UU., que beneficie a personas a la mitad de su carrera profesional para evitar así la fuga de cerebros, produce mucho valor agregado. Diez mil becas por año para posgrados en EE. UU. y otras tantas becas anuales para estudiar en Europa se podrían financiar con una reducción del 20% del presupuesto de las embajadas de esos países en Latinoamérica. Repartidas por igual, son 40 becas por millón de habitantes.
A modo de ejemplo, a Chile le tocarían 640 becas por año, a Brasil 7.000 y a Costa Rica 180. Todos estos cerebros oxigenarían nuestras perspectivas y ayudarían al crecimiento.
Plan energético regional. Tenemos que prepararnos para precios de nuestra energía por encima de $100 por barril de petróleo. Con potencias energéticas como las que tenemos en la región, no hay excusa para no tener, a muy corto plazo, un plan energético regional. Para el mediano y largo plazo, hagamos lo necesario para colocarnos a la vanguardia de los cambios en el mundo de la energía que se avecinan. Brasil está a la vanguardia con sus vehículos flex-fuel. En los próximos 20 años, el sector energético cambiará tan dramáticamente como cambió en los últimos veinte años el sector de las comunicaciones.
Cambio climático. Y, por último, comprometámonos a mitigar el cambio climático, puesto que no hay cohesión intergeneracional más apremiante que esta. Tenemos que ir más allá de una reducción en nuestras emisiones de carbono y convertirnos en una región neutra con respecto a estas emisiones antes del año 2050.
La región tiene las características para alcanzar este objetivo. Podemos y debemos transformar esto en una buena oportunidad empresarial. Ya lo hacen Wal-Mart, el detallista más grande del mundo, y Duke Energy, la tercera empresa productora de energía del globo.
Aumentar la cohesión social en América Latina es posible. Como todo en la vida, requiere de trabajo y perseverancia. Es una causa justa, noble y ética, en la que debemos empeñar nuestro esfuerzo.
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