Costa Rica, Miércoles 7 de noviembre de 2007

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PÁGINA QUINCE

Vladimir de la Cruz

Sufragio y fortaleza democrática

 ¿En cuál país los ciudadanos que cuidan los votos desarman a policías o militares?

Historiador

Del referéndum se podrá discutir todo, si hubo o no fraude, si hubo o no violación de la tregua, si hubo violación o no del financiamiento estatal, si la pérdida por 50.000 votos desmerece y deslegitima el resultado ganador, si la sociedad costarricense quedó o no más dividida, si hay dos Costa Ricas, pre- y posreferéndum, si se pagaron votos o no se pagaron, si el memorando influyó o no, etc.

Pero lo que no se podrá discutir negativamente es el ejercicio democrático de participación ciudadana por medio de procesos electorales, aceptables, creíbles y legitimados por la población en el momento mismo de conocerse sus resultados, aun cuando estuvieron limitados por el Decreto 105 de la Junta de Gobierno y el segundo párrafo del art. 98, o discriminados por el art. 96, constitucionales. Esta ha sido precisamente la práctica histórica de los costarricenses, al menos desde 1949, enmarcada, además, por luchas para su perfeccionamiento y la mayor democratización del proceso político electoral, situación que no está todavía agotada.

Valores y derechos. Esta cultura democrática de la vida nacional, expresada electoralmente y en la tolerancia política, se asienta en valores educativos y políticos del ejercicio de las libertades y derechos en la convivencia nacional, del respeto del Pacto Social manifiesto en la Constitución, y de un modo muy particular, en los sentimientos antimilitaristas de los costarricenses, en el sometimiento de las instituciones militares y policiales al poder civil que se impulsó desde la Presidencia de Jesús Jiménez, pasando por el Código Militar de Tomás Guardia, la negación de Alfredo González Flores de modernizar el ejército a pedido de los Estados Unidos, el derrocamiento de la dictadura de Tinoco, el sometimiento del Bellavistazo y el Cardonazo, y la abolición constitucional del Ejército como institución permanente, hasta el sometimiento de la fuerza pública bajo la dirección y mando del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en los períodos electorales, cuando el Gobierno se “desarma” y queda toda la sociedad bajo la seguridad nacional del TSE.

Esta cultura y educación política, por débil que sea o parezca, de pronto resplandece con toda su fuerza y exhibe la riqueza de las raíces antimilitaristas, el sentido democrático y de la representatividad política, el respeto total de la voluntad popular que puede verse amenazada.

Reportes y orden. Dos situaciones que exaltan precisamente la democracia nacional en este sentido las apreciamos en la mañana del 7 de octubre, cuando realizamos el referéndum. A las 10 a. m. informaron al TSE desde la región de Bribrí, de Talamanca, en un extremo del país, que había “oficiales del Ministerio de Seguridad Pública (MSP) dentro de la escuela con armas de grueso calibre, al parecer M-16”, y a las 11:15 a. m., desde la Escuela de Fátima en San Antonio de Desamparados, se le informó al TSE “que los oficiales del MSP a bordo de la unidad 3130, con la placa 3955, hacen ingreso al recinto electoral armados, por lo que se pasa la información al puesto de mando”.

Ambas situaciones fueron conocidas por el licenciado Héctor Fernández, director de Programas, y la organización electoral del TSE, quien inmediatamente ordenó transmitir un comunicado por las frecuencias policiales “recordando (al cuerpo policial) que no es procedente ingresar armados” a los recintos electorales.

¿En cuál país del mundo los ciudadanos que cuidan los votos desarman a los policías o militares? ¿En cuál país del mundo los policías deben dejar sus armas para votar? La sola presencia armada en el recinto de elecciones supone una amenaza a ellas y así lo hicieron valer los sencillos y humildes ciudadanos que ejercían su derecho al voto y el cuido civilista del proceso electoral desde las mesas o recintos electorales. ¡Qué pueblo el costarricense expresando su voluntad política! ¡Qué fuerza la de las instituciones democráticas! ¡Qué fuerza moral y cívica la de los funcionarios del TSE que hicieron valer esta tradición!

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